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Sobre el constitucionalismo: Su cuarto y último ciclo
Noticia publicada a
las 01:22 am 01/04/25
Por: Armando Alfonso Jiménez.
La lección que nos dejó la Segunda Guerra Mundial es que los gobiernos, por más democráticos que sean, igualmente pueden cometer arbitrariedades
Derivado de la Revolución francesa, se desplazó a la monarquía por los excesos cometidos.
La idea de una persona como poder supremo fue sustituida por una soberanía que iba a residir originaria y esencialmente en el pueblo.
¿Y cómo el pueblo tomaría las decisiones en relación con los grandes problemas que enfrenta?
Gracias al sistema de representación: las personas electas llevarían a la asamblea la preocupación y la voz de sus representados y el método de decisión sería el voto mayoritario.
Es decir, la definición de la voluntad general sería a través de lo que determinara la mayoría. Las minorías no serían tomadas en cuenta.
Este tipo de sistema democrático les serviría a muchos líderes carismáticos que, con apoyo de la mayoría, abusaron de su poder.
Así pasó con Benito Mussolini en Italia y con Adolfo Hitler en Alemania. Sus gobiernos adoptaron medidas crueles, con el apoyo pleno de sus simpatizantes, que ocasionaron violaciones graves a derechos fundamentales.
Por tanto, la lección que nos dejó la Segunda Guerra Mundial es que los gobiernos, por más democráticos que sean, igualmente pueden cometer arbitrariedades.
El cuarto y último ciclo del constitucionalismo justamente aparece con la limitación y control de ese poder mayoritario.
El primer dique o, como dice Luigi Ferrajoli, “la esfera de lo indecidible”, son los derechos humanos. Ningún poder puede vulnerar la dignidad personal. Ni el gobierno más democrático tiene la legitimidad para cercenar los derechos básicos de la persona. Cualquier propuesta de reforma constitucional que minimice o cercene los derechos humanos resulta aberrante.
Otro efecto del neoconstitucionalismo tiene que ver con las minorías políticas: deben ser consideradas.
Si bien es cierto que las mayorías tienen la posibilidad de hacer valer sus posturas y de ganar las votaciones, también es cierto que no deben callar y buscar el exterminio de las minorías.
En un Estado constitucional, todas las personas deben ser tomadas en cuenta con independencia de sus opiniones y preferencias.
El pluralismo debe dar cabida a que una Nación extienda sus brazos a todas las personas. Un piso mínimo: una Constitución abierta.
En un régimen democrático que funcione normalmente, sin trampas, las minorías de hoy pueden convertirse en las mayorías del mañana y viceversa.
En este cuarto ciclo del constitucionalismo, la generación actual ha heredado técnicas jurídicas de limitación y control del poder que nos garantizan el disfrute pleno de nuestros derechos y la oportunidad de gozar una vida con dignidad y justicia.
El Estado constitucional es el paradigma más acabado de organización social y debería ser el objetivo de cualquier gobernante que aspire a mejorar las condiciones de nuestra patria. Y todos los ciudadanos debemos ser los guardianes de este modelo.
CITA: Ningún poder puede vulnerar la dignidad personal. Ni el gobierno más democrático tiene la legitimidad para cercenar los derechos básicos de la personas
POR ARMANDO ALFONZO JIMÉNEZ
Constitucionalista y Secretario Ejecutivo del INAP