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Recurre 4 T a prohibir sin prohibir
Noticia publicada a
las 03:29 am 16/03/25
Por: Rafael Cardona.
¿Las empresas comprarán hermosas reses bravas sin cornamenta nada más para llevarlos a pasear en interminables vueltas a un ruedo? Pronto veremos por las calles paseadores de toros, ya no nada más de perros
El papasal malamente jurídico y torpemente político en cuanto a la fiesta de toros planteado por la jefa administrativa de la CDMX, Clara Brugada
—llamarla gobernanta (con “A”) sería concederle una categoría de la cual carece—, muestra el peor rasgo de un mal gobierno: aspirar a la conformidad general; agradar a todos y quedar mal con todos.
Alguna vez dijo Reyes Heroles en docto planteamiento:
“Un gobierno mayoritario no puede ni debe pretender satisfacer a todos. Complacer a todos es imposible en un régimen democrático; intentar condescender con todos es no gobernar, es moverse atendiendo a presiones, ser gobernado; viene a ser un gobierno sin ideas por plegarse a ideas de otros. Tratar de satisfacer a todos es admitir que se carece de banderas, que no se tiene ideología ni objetivos trazados, ni tampoco capacidad para alcanzarlos”.
Y ese es un retrato claro de la 4-T: la penuria intelectual.
Bastó un planteamiento a medias de la jefa del Ejecutivo a principios de la semana con la contradictoria fiesta incruenta en medio de un debate legislativo en el congreso local (si a eso se le puede llamar Congreso), para la absurda irrupción de la señora Brugada con un adefesio torpe, sin coherencia ni sentido de la realidad.
Cuando la mujer en el rupestre mando urbano dice de los toros, no deben ser muertos ni dentro ni fuera de la plaza, no sólo dice una barbaridad cercana a la inmortalidad del bovino, más allá del cangrejo: exhibe su ignorancia ganadera: ¿se pagarán transportes especializados desde las ganaderías de ida y vuelta para ver cómo regresan los toros después de una pasarela?
¿Las empresas comprarán hermosas reses bravas sin cornamenta nada más para llevarlos a pasear en interminables vueltas a un ruedo? Pronto veremos por las calles paseadores de toros, ya no nada más de perros.
La presión de los animalistas fue insuficiente. Tanto como para no hacerles caso. Querían la prohibición absoluta y ni con un gobierno pleno de ignorancia populista lo pudieron lograr.
Y del tema cultural idiosincrático y tradicional, ni hablamos. Tampoco lo entienden. Si tuvieran razones y valor para hacerlo, lo prohibirían todo con todas sus consecuencias.
Si el asunto a considerar es el dolor de los seres “sintientes” (hasta los girasoles sienten la luz del sol) pues entonces supriman todos los dolores del mundo; actúen contra el dolor de boxeadores (as) y luchadores ensangrentados (as), o de plano hagan algo contra el sufrimiento en rastros, destazaderos y demás, e inauguren, con platillos y tambores, la incruenta plaza de toros sin violencia en Teuchitlán, Jalisco.
Esa es la violencia verdaderamente inhumana y contra ella no han podido.
POR RAFAEL CARDONA
@CARDONARAFAEL