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MORENA PUEBLA: EL JALÓN DE OREJAS QUE VIENE
Noticia publicada a
las 01:34 am 19/10/26
Por: Arturo Luna Silva.
A Morena Puebla podría llegarle un regaño desde la dirigencia nacional. Y el motivo tendría nombre y apellido: una presidenta que cedió el control, un operador que se siente dirigente y un grupo que parece haber confundido al partido con una oficina de Gobernación.
La salida de Olga Romero Garci-Crespo, prevista para este martes, no cerrará el conflicto. Abrirá la discusión sobre quién manda,
quién tiene facultades y quién tendrá que responder por el desorden que deja.
Porque Olga podrá anunciar su despedida, pero antes tendría que explicar por qué permitió que Samuel Aguilar Pala le marcara el rumbo y que Pablo Salazar Vicentello terminara ejerciendo una dirigencia de facto.
La llegada de Salazar y Claudia Hernández respondió a instrucciones de Aguilar Pala.
A pesar de Ariadna Montiel, la dirigente nacional, Olga Romero abrió la puerta, cedió espacios y conservó el membrete. Una peculiar forma de presidir: quedarse con el micrófono mientras otros toman las decisiones.
Su problema nunca fue solamente decidir cuándo irse. Fue demostrar que podía mandar mientras estaba.
EL REGAÑO NO SERÍA POR LAS FORMAS
El movimiento generó molestia en el CEN. Y tiene lógica política: permitir que un grupo gubernamental controle una dirigencia y prepare su sucesión sentaría un precedente que otros gobernadores podrían reclamar.
Hoy Puebla; mañana, cada gobierno estatal con su propio partido de bolsillo.
Por eso, el eventual jalón de orejas tendría un propósito concreto: recordar que la cercanía con el poder estatal no sustituye los procedimientos de Morena ni autoriza a nadie a repartirse sus órganos de dirección.
No es necesario idealizar la democracia interna del partido para entenderlo. A la conducción nacional difícilmente le conviene que los grupos locales le entreguen decisiones consumadas y después le pidan poner el sello.
Por su debilidad y miedo permanentes, Olga Romero dejó crecer precisamente ese problema. Su falta de firmeza convirtió una dirigencia partidista en un espacio disponible para quienes sí tenían claro qué querían controlar.
A ese expediente se suma la operación de la estructura vinculada a Salazar y Hernández a favor de determinados perfiles que buscan candidaturas a alcaldías o diputaciones.
El partido Morena en Puebla parece estar a las órdenes de unos cuantos, excluyendo deliberadamente a muchos que también aspiran.
Es decir, la estructura inclinando la balanza en la competencia interna.
¿Qué condiciones ofrece Morena a los demás aspirantes si quienes deberían organizar el proceso solo trabajan para sus favoritos?
Qué cómoda imparcialidad: unos se registran, otros reciben estructura y a la militancia le reservan el honor de aplaudir.
Ahí tendría la dirigencia nacional otro motivo para intervenir. Dejar pasar el favoritismo enviaría un mensaje bastante claro: las reglas obligan a quienes no tienen padrino.
PABLO Y SU PRESIDENCIA IMAGINARIA
La salida de Olga Romero -¿quién la va a extrañar?- tampoco convierte automáticamente a Pablo Salazar en sucesor.
El presidente del Consejo Estatal, el diputado Andrés Villegas, ya señaló públicamente que no podría asumir la dirigencia por no formar parte del Consejo Estatal.
Su coordinación fue anunciada; sus facultades no pueden estirarse hasta convertirla en presidencia. Un cargo de chocolate no adquiere poderes extraordinarios porque su ocupante se entusiasme.
Se menciona al inefable Rodrigo Abdala para el relevo, aunque también habrá que observar si su ruta apunta hacia una candidatura. Mientras tanto, en los cálculos internos se habla de una transición de hasta dos meses.
Ese intervalo podría alimentar las fantasías de Salazar, pero no le concede autoridad para disponer del partido. Las atribuciones de los órganos existentes continúan; Morena no queda en propiedad de quien llegue primero a sentarse.
Cualquier cambio que pretenda ordenar tendría que estar respaldado por facultades expresas. De lo contrario, quedaría expuesto a cuestionamientos e impugnaciones.
EL ALTRUISMO TAMBIÉN DEBE EXPLICARSE
Con una cola más larga que el Periférico Ecológico, Pablo Salazar tiene, además, una cuenta pendiente: aclarar cómo se sostiene su operación.
Su encargo fue presentado como honorario, pero las versiones internas hablan de más de 10 personas trabajando con él.
¿Quién les paga? ¿De dónde salen los recursos? ¿Todos participan gratuitamente?
Porque una cosa es presumir altruismo personal y otra pretender que esa palabra explique una estructura completa.
La generosidad política podrá ser conmovedora. Como comprobante de gastos, deja bastante que desear.
Ese es el partido que Olga Romero Garci-Crespo entregaría este martes: con el mando disputado, una operación cuestionada y motivos suficientes para que desde México exijan explicaciones.
El regaño, si llega, debería alcanzar a quien permitió la entrega y a quienes confundieron la tolerancia con autorización.
Olga Romero abrió la puerta. Pablo Salazar se creyó dueño. Falta que la dirigencia nacional les recuerde que ninguno tiene las escrituras.