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Selección de candidatos en Morena: nuevas formas, viejas prácticas
Noticia publicada a
las 01:10 am 16/10/26
Por: Dante Montaño Brito.
Las formas para seleccionar candidatos cambiaron, pero el oportunismo, los cacicazgos y la disputa por posiciones todavía encuentran espacio para reproducirse.
Morena puso sobre la mesa sus encuestas. Tras semanas de competencia interna, cientos de aspirantes y negociaciones políticas se difundieron los nombres de quienes disputarán las gubernaturas en 2027.
El procedimiento parece nuevo: mediciones de opinión, porcentajes, atributos de los aspirantes y encuestas reflejadas para respaldar los resultados. Atrás quedaron los tiempos en que una dirigencia de partido podía simplemente imponer una candidatura, los famosos “dedazos”. Sin embargo, detrás de esa apariencia técnica, nos preguntamos: ¿cambió realmente la manera de distribuir el poder o solamente cambiaron los mecanismos para legitimarla? Porque el hecho de que las formas puedan renovarse no impide que las viejas prácticas encuentren maneras innovadoras de sobrevivir.
La encuesta aparece como el centro de este nuevo mecanismo de selección. De los 277 aspirantes registrados, Morena redujo primero la competencia mediante filtros internos y después valoró los perfiles seleccionados por la población. No se trató, por tanto, de una elección donde su militancia decidiera directamente quién debía representarla. En esta ocasión, a diferencia de las famosas “tómbolas”, la dinámica fue distinta: conocer quién tenía mayor reconocimiento, mejor opinión y mejores condiciones para competir electoralmente. Este cambio no es menor. Una encuesta puede medir qué candidato resulta más popular, una lógica que ayuda a explicar la creciente incorporación de influencers, deportistas y figuras del espectáculo a la política; pero no puede determinar quién posee mayor formación política, compromiso militante o capacidad para sostener un proyecto partidista. El mecanismo resuelve pragmáticamente una necesidad electoral inmediata, pero nos lleva a preguntarnos: ¿qué ocurre con el proyecto político cuando ganar la siguiente elección se convierte en el principal criterio de selección?
Es cierto que la política exige pragmatismo; y más cuando viene del régimen, pues gobernar implica negociar, construir alianzas y, en ocasiones, aceptar contradicciones para impulsar un proyecto más amplio. El problema comienza cuando esa necesidad ya no es un medio, sino que se convierte en el principio organizador de las decisiones. La “vieja política” no consiste simplemente en negociar o buscar candidatos competitivos, sino en subordinar el proyecto político a la conservación del poder. Es ahí donde aparecen el oportunismo, el personalismo, los cacicazgos y otras prácticas que han corroído durante décadas al sistema de partidos en México. Para Morena la contradicción consiste precisamente en ese límite, pues necesita ganar elecciones para continuar su proyecto; pero privilegia sistemáticamente a quienes pueden ganar, lo que resulta en grandes “transformaciones” al proyecto que suponía defender.
Las encuestas debían servir para identificar a los candidatos más competitivos, pero revelan algo más incómodo para Morena. En varios estados, incluso algunos de sus perfiles más conocidos registran niveles bajos de aceptación, confianza o atributos positivos. Este aspecto destaca porque esos candidatos no llegan solos a la medición, pues también requieren la valoración del partido y de los gobiernos que representan. Después de años en el poder, la promesa de transformación convive con los escándalos de privilegios y lujos de sus dirigentes; pero también con problemas mucho más cercanos como calles destruidas, servicios deficientes, falta de medicamentos o el encarecimiento de la vida. Así, las encuestas no sólo reflejaron las fortalezas y debilidades de los aspirantes, también exhibieron el costo político de las contradicciones que Morena ha acumulado.
Por lo tanto, el problema no está solamente en las encuestas, sino en la política que se trasluce con mayor claridad detrás de ellas. Conservar el poder a cualquier precio no dista demasiado del más cínico pragmatismo. Ganar elecciones, aunque para hacerlo sea necesario sacrificar principios, desplazar a la militancia o cobijar personajes cuya principal virtud es ser “populares”, “tener influencias”, en una palabra: ser electoralmente rentables. Las formas para seleccionar candidatos cambiaron, pero el oportunismo, los cacicazgos y la disputa por posiciones todavía encuentran espacio para reproducirse. Es decir, Morena llegó al gobierno prometiendo transformar las prácticas del poder de los viejos partidos, sin embargo, hoy vemos que no sólo las reproduce, sino que las alienta y promueve.