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y que le estoy eternamente agradecido por la oportunidad de plasmar algunas ideas que se me vienen a esta cabeza inquieta e insaciable, por entender un poco más el mundo en donde vivo (debo confesar que en la mayoría de las veces no lo logro).
Por ello, quise enfocarme hoy en entender la ceguera; no como el impedimento físico para reconocer luces o penumbras, sino como ceguera moral (entendida en términos axiológicos bien definidos, sin filias ni fobias).
Grandes escritores han puesto el dedo en la llaga sobre este concepto. Algunos cuestionan el sistema individualista de Immanuel Kant; otros, como Albert Camus desde el existencialismo, plantean que la moral surge de la solidaridad humana frente a la injusticia. Imposible no recordar la durísima obra de José Saramago, Ensayo sobre la ceguera, que nos confronta con los totalitarismos y el abuso del poder. A este recorrido se suman la agudeza de Fernando Savater en Ética para Amador, la frescura de David Pastor Vico en Ética para desconfiados —donde advierte que el ensimismamiento de las redes sociales nos vuelve menos éticos y más tontos—, y la potente llamada de atención de Zygmunt Bauman y Leónidas Donskis sobre la moral líquida en su libro Ceguera moral
Sé que la lectura de estos autores, en la mayoría de los casos, pareciera agotadora hasta el punto del hartazgo de una necesidad de autoentendimiento a través de las letras, pero por favor no se entienda como autoayuda, por el contrario, hoy veo con demasiado pesimismo un desarraigo de los núcleos familiares, en el interés de la formación de los estudiantes, - y no solo lo digo yo – es un hecho comprobado (le duela a quien le duela) descrito de mejor manera por el director de la Prueba Pisa al comentar los resultados de la misma, y los preocupantes resultados obtenidos en los países que participaron, sobra decir que México se ubicó en el puesto 37 de 38, mostrando disminución en áreas como matemáticas y lectura; obteniendo un crecimiento marginal en ciencias.
El punto es que, como bien afirma el funcionario de la OCDE, en entrevista con el periodista Andrés Oppenheimmer, una de las causas raíz de este bajo desempeño generalizado en Latinoamérica se debe en gran medida al desinterés que hoy demuestran los padres respecto a la educación de sus hijos, ya que la visión de los primeros es entender a la escuela y a su profesorado como “un prestador de servicios”.
Así, un simple prestador de servicios que, por un pago, debe entregar un resultado favorable respecto a la educación de los alumnos… pero – porque aquí vale un gran PERO – (léase con ironía) ¿cómo es posible pretender que los padres se involucren en la educación de los hijos? ¡¿PARA QUÉ PAGAMOS UNA ESCUELA?! NO TENEMOS TIEMPO, PARA ESO, ES MÁS IMPORTANTE UN POST.
Espero que no haya dolido, sin embargo, es real, no es posible pretender que el niño en edad escolar desde kínder hasta la universidad adquiera una educación sólida, si no está reforzada con una estructura con cimientos en el interés y participación de los padres, y como bien dice el experto, no sólo en pasar horas junto al niño o la niña haciendo tareas interminables, sino retando su intelectualidad a su altura, con lecturas propias para la edad, acompañándolos en la formación ética de su entorno y participación en actividades culturales y deportivas.
Es cierto, no pretendo que esto suene a un discurso para clases privilegiadas con demasiado tiempo y recursos para hacerlo, por el contrario, esto debe darse en todos los sectores sociales y económicos. El problema aquí deja de ser puramente educacional, para convertirse en estructural – social – nacional, e inclusive internacional.
Es obligado expresar nuevamente mi preocupación respecto a la ética, desde el enfoque de la integridad. La ausencia de columnas educativas con principios éticos puede tener consecuencias en el desempeño profesional de quienes hoy se encuentran formándose en todos los niveles – sí, ya sé, todos vamos a vivir en el terrorífico Mundo Feliz de Aldous Huxley – sin embargo cualquiera que se quiera integrar a las filas de la productividad, debe tomar en cuenta, que las empresas exigen, colaboradores éticos que puedan ajustarse a sistemas de integridad y que tengan el valor de denunciar injusticias, ilegalidades y comportamientos corruptos.
La tarea es enorme, si queremos individuos plenamente integrados a la sociedad con sentimientos de pertenencia y responsabilidad respecto al otro, debemos poner manos a la obra; el tiempo pasa y jamás se detendrá; y los costos serán muy altos.
El autor es papá, steeler, profesor universitario, consultor jurídico, doctorando en Derecho, maestro en Derecho Fiscal, especialista certificado en Compliance y especialista en Derecho Fiscal.
X: @mauggali
LinkedIn: mauricio-garduño-gcomp
Fuente: Sol de Puebla.
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