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La hibris trumpista
Noticia publicada a
las 01:55 am 03/10/26
Por: Gerardo Hernández.
Reproducir en el país todavía más poderoso del mundo las formas rufianescas de hacer negocios y el comportamiento de un matón, ha llevado a Donald Trump a un callejón sin salida. Ejemplo irrefutable de que el poder económico puede producir engendros peores aún que la política, Trump es la némesis de sí mismo.
El daño que el magnate con ínfulas de césar le ha infligido a la democracia y a la imagen de su país es tremenda, y en algunos casos quizá sea irreparable. La historia le depara, sin duda, un sitio junto a Andrew Johnson, James Buchanan y John Tyler, los peores inquilinos de la Casa Blanca, según una encuesta realizada por el Instituto para el Estudio de las Américas, con sede en Reino Unido, realizada entre 47 historiadores [BBC New Mundo, 06.11.16].
Trump ostenta el deshonroso título de ser el primer presidente de Estados Unidos sentenciado en un juicio penal celebrado el 10 de enero de 2025. De acuerdo con la Fiscalía de Nueva York, poco antes de las elecciones de 2016, un abogado de Trump pagó a la exactriz de cine porno, Stormy Daniels, 130 000 dólares para no revelar una relación con su cliente. La suma regresó a su fuente de origen bajo la pantalla de honorarios legales. Sin embargo, debido a la condición de presidente electo de Trump, el juez Juan Manuel Merchan –de origen colombiano– lo liberó de los 34 cargos de falsificación de documentos [descarga incondicional] por los cuales lo había condenado. Diez días después, Trump rindió juramento para un segundo mandato.
La investidura no le valió a Trump para evadir la justicia en otro proceso. El 8 de julio pasado, el juez federal Lewis A. Kaplan lo obligó a pagar una indemnización por 5.8 millones de dólares a la escritora y periodista Jean Carroll, quien lo acusó de haberla violado en un probador de los almacenes Bergdorf Goodman en Manhattan en 1996. Los abogados de Trump apelaron, pero el Tribunal Supremo mantuvo firme la sentencia. Roberta Kaplan, abogada de la víctima, comentó en una nota: “el veredicto unánime del jurado de que Donald Trump agredió sexualmente y luego difamó a E. Jean Carroll ahora es definitivo y no puede ser impugnado en ningún tribunal” [ABC 7, 17.08.26].
Trump no es invencible, pero a pesar de la acumulación de derrotas –reales y simbólicas– en distintos frentes y de la inminencia de las elecciones intermedias, no deja de echar leña al fuego y de convertir a aliados en enemigos. El veto a los periodistas de CNN, MS NOW y Politico para ingresar a la Casa Blanca recibió como respuesta una demanda, sustentada en la Primera Enmienda, para proteger sus derechos y defender “el principio de que el Gobierno no decide qué informa o publica la prensa”. ABC, CBS, Fox News y NBC, los otros cuatro integrantes del “pool” televisivo junto con CNN, suspendieron la cobertura conjunta de los actos presidenciales.
El mal que Trump representa para la democracia es curable con “más democracia”. El concepto, de aplicación general y en todos los tiempos, corresponde a Alfred Emanuel Smith, gobernador de Nueva York [1923-1928] y primer católico postulado por el Partido Demócrata para la presidencia de Estados Unidos. El remedio no está solo en el voto, sino en la participación amplia y consciente de los ciudadanos a la hora de emitirlo, pero la seducción de los farsantes –sobre todo ahora– embota la razón. Y cuando la verdad aparece es demasiado tarde. En Trump se cumple el adagio del filósofo y moralista francés Jean de La Bruyère, de acuerdo con el cual “Los puestos de responsabilidad hacen a los hombres eminentes más eminentes todavía, y a los viles, más viles y pequeños”.