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Olga, sus tres horas de espera en un juzgado y demasiadas preguntas
Noticia publicada a
las 02:03 am 01/10/26
Por: Edmundo Velázquez.
Hay esperas que merecen una explicación pública. Sobre todo, cuando quien espera encabeza un partido político y la puerta que busca abrir es la de un juez.
De acuerdo con la información entregada a CENTRAL, el pasado lunes 28 de septiembre, Olga Lucía Romero Garci Crespo permaneció alrededor de tres horas en las oficinas judiciales de Tehuacán para buscar una conversación con Juan González Bello, Juez Primero de lo Civil.
Tres horas.
¿Qué asunto motivaba una espera semejante?
¿Solicitó una audiencia por los conductos correspondientes? ¿Fue recibida? ¿Acudió a título personal o invocó su calidad de dirigente de Morena en Puebla?
La distinción importa.
Una dirigente tiene derecho a defender sus intereses particulares y acudir a los tribunales. Lo que debe poder aclararse es si esas gestiones se realizan en las mismas condiciones que las de cualquier ciudadano.
Por eso, antes de aventurar conclusiones, nos hacen falta respuestas.
El Poder Judicial de Puebla tendría que precisar si existió la visita, cuál fue su propósito y si se produjo algún encuentro con el juzgador. Pedro Antonio Martínez también tendría que aclarar qué información tiene al respecto y, dentro de sus atribuciones, qué explicación corresponde ofrecer.
Una presencia en un juzgado, por prolongada que sea, no acredita una irregularidad. Pero esclarecer las condiciones de una eventual audiencia permitiría disipar dudas sobre posibles tratos preferentes.
La pregunta sobre la herencia tampoco puede resolverse con insinuaciones: ¿la gestión estaba relacionada con algún procedimiento sucesorio en el que Olga tiene interés? Si así fuera, habría que identificar el expediente y la actuación que buscaba promover. Ese es el dato que permitiría pasar de la sospecha al escrutinio.
El costo para Morena
El episodio plantea, además, una discusión política: qué tendría que evaluar Morena ante una eventual aspiración electoral de su dirigente poblana.
Porque una candidatura no debería servir para resolver la salida de una dirigencia. Tampoco tendría que convertirse en premio de consolación para evitar una disputa interna.
Mandarla a una encuesta puede parecer una salida cómoda. Sin embargo, antes de medir cuánto quiere Olga un cargo, Morena tendría que medir qué respaldo aporta, qué rechazo despierta y qué costo tendría para el partido respaldarla.
El reconocimiento de nombre no equivale a aceptación. Y ocupar una dirigencia no garantiza representar a la militancia.
Si busca competir, que acredite respaldo. Si pretende permanecer al frente del partido, que explique sus resultados. Si aspira a otro espacio, que sostenga públicamente por qué lo merece.
Morena no tendría por qué organizar su futuro alrededor de las necesidades personales de sus cuadros.
Por ahora, la información sobre aquella espera en Tehuacán exige corroboración y respuestas. Si se confirma, la pregunta inicial será muy concreta:
¿Qué asunto llevó a Olga Romero a esperar tres horas para hablar con un juez?