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hasta la adquisición de una cruz para identificar el sepulcro de un familiar, pasando por las peregrinaciones multitudinarias hacia centros religiosos ubicados a cientos o miles de kilómetros del lugar de origen de los fieles, la religiosidad también moviliza personas, recursos, bienes y servicios.
En el siglo 1 de nuestra era, Jerusalén recibió a numerosos peregrinos judíos que acudían a celebrar las festividades prescritas por la Torá; siglos después, millones de musulmanes emprendieron -y continúan realizando- la peregrinación a La Meca, en la actual Arabia Saudita. Ese componente material -sin que por ello deje de tener una dimensión espiritual- también constituye un campo de estudio para la economía. Esta columna toma como referencia algunos planteamientos de la socióloga catalana Mar Griera, especialista en sociología de la religión, diversidad religiosa y nuevas formas de espiritualidad, y se complementa con una revisión sucinta del fervor guadalupano en México.
1. ¿Desaparición o transformación de la religión?
Tras la muerte del generalísimo Francisco Franco, en 1975, y durante la posterior transición democrática, España experimentó profundas transformaciones políticas, sociales y culturales que modificaron la relación entre el Estado, la Iglesia católica y la sociedad. En ese contexto se profundizó un proceso de secularización y disminuyó progresivamente la centralidad institucional de la religión en la vida pública y privada.
La transformación se manifestó particularmente entre sectores y generaciones para quienes la asistencia a misa y la participación en determinados ritos católicos dejaron de constituir una práctica socialmente esperada y pasaron, con mayor frecuencia, a depender de una decisión individual; sin embargo, no parece reducirse a la desaparición de la religión, sino a la transformación de sus formas de pertenencia, práctica y expresión.
Los datos sobre identificación religiosa y prácticas institucionales permiten observar la magnitud del cambio. En 1980, el 8.5% de los españoles se identificaba con opciones de conciencia no religiosa; para 2025, esa proporción había ascendido al 39.3 por ciento. Un indicador adicional aparece en la forma de celebrar el matrimonio: en 1994, los matrimonios confesionales representaban 77.3% del total en España; para 2024, la proporción había descendido a 16.4 %, mientras los matrimonios civiles alcanzaban 83.6 por ciento.
No obstante, los planteamientos de Mar Griera invitan a cuestionar la idea de una simple desaparición de la religión. La búsqueda de sentido, las creencias y las distintas formas de espiritualidad persisten, aunque hayan cambiado sus espacios de pertenencia y sus formas de expresión. Si se permite la metáfora, la llama religiosa continúa encendida, aunque haya cambiado de pebetero. Para una parte de la población, la identidad católica puede conservar un significado cultural y simbólico que no siempre coincide con una adhesión plena a todas las creencias y prácticas promovidas por la institución eclesiástica. Como adscripción cultural: no es fe doctrinal, sino identidad social. Ejemplo: “En Cataluña, 23.4% de quienes se dicen católicos afirma no creer en Dios”.
En México, el proceso de secularización ha seguido una trayectoria diferente y, en varios aspectos, más compleja que la española, debido a su particular historia colonial, su composición social y cultural, la formación del Estado nacional y la prolongada relación -frecuentemente conflictiva- entre el poder civil y la Iglesia católica. Por ejemplo, los cuestionarios censales del Inegi no incluyen preguntas para conocer si los contrayentes celebraron, además del matrimonio civil, una ceremonia religiosa; tampoco indagan sobre las aportaciones económicas individuales, como diezmos u ofrendas, destinadas a las iglesias.
La laicidad del Estado mexicano ha establecido una separación jurídica entre las instituciones civiles y las asociaciones religiosas, aunque ello no ha impedido que el Inegi registre la adscripción religiosa de la población. España, en cambio, cuenta con un mecanismo fiscal que permite a los contribuyentes destinar una parte de su Impuesto Sobre la Renta a la Iglesia católica. Este sistema se encuentra vinculado al marco jurídico surgido durante la transición democrática y a los acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede suscritos en 1979.
2. Una devoción que rebasa los límites institucionales de la Iglesia católica
La proporción de mexicanos que se identifican como católicos descendió de aproximadamente 88% en 2000, a 77.7% en 2020. Sin embargo, la disminución de la adscripción católica no parece haber reducido, en la misma proporción, la capacidad de convocatoria de la devoción guadalupana, que continúa movilizando a millones de peregrinos y generando importantes efectos económicos. El descenso registrado por el Inegi obliga, por tanto, a revisar históricamente el fenómeno guadalupano para comprender mejor su relación con la Iglesia católica y su impacto religioso, cultural, social y económico en México.
También permite explorar hasta qué punto algunos de los planteamientos de la socióloga Mar Griera pueden resultar útiles para interpretar el caso mexicano. La secularización, como advierte la investigadora catalana, no implica necesariamente la desaparición de la religión, sino la transformación de sus formas de pertenencia, práctica y expresión. La historia temprana del guadalupanismo ofrece, en este sentido, un caso particularmente interesante. Juan de Zumárraga, franciscano y primer obispo de la Nueva España, dejó una importante producción documental. Sin embargo, en los escritos conservados que se le atribuyen no aparece una referencia expresa a las apariciones de Guadalupe ni al episodio del ayate asociado con Juan Diego.
Conclusión
Los planteamientos de Mar Griera surgieron del estudio de una sociedad española con una trayectoria histórica, política, religiosa y cultural distinta de la mexicana. Por ello, no pueden trasladarse mecánicamente al caso de México. Sí ofrecen un referente teórico útil para analizar una pregunta que va más allá de la estadística religiosa: ¿puede existir una identidad guadalupana que rebasa la adscripción formal al catolicismo?
Fuente: Zócalo de Saltillo.
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