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Noticia publicada a
las 03:44 am 16/09/26
Por: Laura Puente.
Durante décadas hemos medido la violencia contra las mujeres contando víctimas
Hay resultados que un gobierno puede presumir. Los legados son otra cosa.
En 2025 México registró 696 víctimas de feminicidio. La cifra sigue siendo inadmisible, aunque el Gobierno Federal reporta una reducción de 36 por ciento frente a 2021.
Claudia Sheinbaum podría quedarse con la estadística. Sin embargo, uno de los temas que entrará a discusión en este periodo legislativo apunta mucho más lejos: modificar la forma en que México investiga, persigue y sanciona el feminicidio, y ahí podría comenzar uno de los legados más importantes de la primera presidenta de México.
La iniciativa plantea penas de 50 a 70 años, diez razones de género, 19 agravantes y que toda muerte violenta de una mujer, adolescente o niña, comience a investigarse bajo la posibilidad de feminicidio, pero, quizá lo más interesante no sea únicamente lo que cambiará para los agresores, sino lo que exigirá a las autoridades. Porque esta ley también pondrá a prueba a las fiscalías.
Durante décadas hemos medido la violencia contra las mujeres contando víctimas. Con una legislación nacional podremos comenzar a medir también la respuesta del Estado, quién investiga bien, quién actúa a tiempo, quién conserva evidencias, quién aplica los protocolos y quién sigue fallando. Incluso se contemplan sanciones para servidores públicos que retrasen, obstaculicen o impidan una investigación, ahí está el verdadero tamaño del reto.
Una ley puede aprobarse en unos días; cambiar la forma de trabajar de ministerios públicos y fiscalías en 32 entidades será una tarea mucho más compleja y también mucho más trascendente.
El pasado 2 de septiembre, Sheinbaum volvió a colocar la Ley General contra el Feminicidio entre las prioridades enviadas al Congreso. La presidenta incluso puso sobre la mesa algo difícil de discutir: ¿quién podría estar en contra?
En tiempos de una enorme polarización política, ésta podría convertirse en una de esas reformas capaces de construir un acuerdo que esté por encima de partidos. Ya ocurrió con la modificación constitucional que abrió paso a esta legislación y que recibió el respaldo de todas las fuerzas políticas, ahora viene la prueba de fondo.
El Senado prevé discutir el dictamen durante la última semana de septiembre. Después comenzará lo verdaderamente difícil, que es convertir una ley nacional en una realidad nacional. Tal vez ahí esté también una de las diferencias entre ser la primera mujer que llega a la Presidencia y ejercer el poder con una perspectiva distinta.
No se trata solamente de que una mujer haya llegado a Palacio Nacional, se trata de preguntarnos qué instituciones serán diferentes cuando termine su gobierno porque una mujer llegó. Ese tendría que ser uno de los parámetros con los que algún día se mida el sexenio de Claudia Sheinbaum.
No únicamente cuántas mujeres ocuparon cargos, no solamente cuántas reformas llevaron la igualdad a la Constitución, también qué cambió de manera permanente para una mujer cuando necesitó al Estado. Por eso esta ley merece seguimiento después de la fotografía, la votación y los discursos. Su éxito no estará en el número de votos que consiga en el Congreso, sino en lo que ocurra después en cada fiscalía del país.
Bajar el número de feminicidios es un resultado, pero conseguir que México nunca vuelva a investigarlos de la misma manera, es un legado.