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El INEquitativo proceso electoral
Noticia publicada a
las 01:47 am 15/09/26
Por: Enrique Núñez.
La institución encargada de organizar las elecciones se ve seriamente comprometida, ya que, su imparcialidad está comprometida con la Cuarta Transformación
La presencia de la secretaria de Gobernación en la ceremonia oficial por el inicio del proceso electoral federal 2026-2027 representa una pésima señal para la democracia mexicana y un franco retroceso de tres décadas.
Lograr que el organismo electoral se emancipara del Poder Ejecutivo le costó al país años de lucha, la histórica "caída del sistema" de 1988 y la trascendental reforma electoral de 1996.
Antes de la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), la propia Secretaría de Gobernación organizaba los comicios; procesos que, está de más recordarlo, siempre estuvieron manchados por la sospecha y la abierta injerencia del presidente en turno.
Por ello, la estampa de ayer en el órgano electoral dice más que cualquier discurso y asesta un golpe demoledor a la credibilidad de una institución que atraviesa por su peor momento.
La imparcialidad, que en su momento fue la máxima fortaleza del INE, hoy es severamente cuestionada, al grado de convertirse en el reclamo central de los representantes de oposición durante la sesión inaugural.
A estas alturas no se puede hablar de un piso parejo. Las fuerzas opositoras saltan a la cancha con un arbitraje sumiso al gobierno federal y con un Consejo General que responde abiertamente a los dictados de la 4T.
Por eso insisto: la ubicación de Rosa Icela Rodríguez en primera fila fue una torpeza política, por decir lo menos. En el escenario más grave, debe interpretarse como una advertencia intimidante: la confirmación de que el gobierno federal meterá las manos de lleno en la contienda.
Y razones le sobran a la presidenta y a su partido. El objetivo neurálgico es retener la mayoría calificada en San Lázaro, pues de ello depende que el segundo tramo del sexenio de Claudia Sheinbaum navegue sin sobresaltos.
Quedarse únicamente con la mayoría simple en la Cámara de Diputados pondría en riesgo las reformas constitucionales que el régimen requiere para consolidar su proyecto. Y ese es un riesgo que en Palacio Nacional no están dispuestos a correr.
Un INE rebasado
En esta elección intermedia, los tijeretazos presupuestales al INE coinciden con un incremento desmedido en sus obligaciones, lo que anticipa una capacidad de fiscalización reducida al mínimo.
A la par, el instituto tendrá sobre sus hombros la delicada responsabilidad de revisar los perfiles de los aspirantes sobre quienes pesen sospechas de nexos con el crimen organizado.
Para dimensionar cómo la autoridad electoral ha sido rebasada, basta mirar el fenómeno de las pre-pre-precampañas: decenas de aspirantes han desplegado un evidente proselitismo que abarca desde la pinta masiva de bardas hasta mítines multitudinarios, sin que el INE mueva un solo dedo ni alce la voz.
Por todo esto, en la cita electoral de 2027 los ciudadanos no sólo nos jugaremos la composición de la Cámara Baja; también tendremos la obligación cívica de vigilar que el árbitro cumpla su cometido.
Ni más ni menos.