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Muchos en Comoapan se dicen curanderos, pero pocos pueden decir como él, que tienen 40 años de serlo. A los 12 años empezó a tirar la baraja, un año después empezó a curar. Ya de viejo tira el tarot, la cuija la tiene y todo lo que sale resulta cierto.
“Si quieres matar alguien no necesitas de pistola; te lo hablo con derecho, como sea, dime qué muestra quieres y te la pongo para que veas que sí puedes trabajar todo eso”, advierte.
Para entrar a su casa hay que pedir permiso, las ventanas son de madera,
el lugar se divide en tres estancias una al fondo y dos al frente; en el lado
derecho está un altar con la virgen de Guadalupe, alumbrada por una serie
de foquitos navideños, y del lado izquierdo hay otro altar, pero dedicado a la muerte y al diablo.
Sobre la mesa están tres imágenes de nuestra señora de la Santa Muerte, con una tiene 30 años y fue con la que empezó a curar, tuvo un costo de apenas mil pesos. Mientras que la otra se la dejaron en su puerta, (era de un muchacho el cual quien intentó ser brujo y perdió la razón; su familia lo llevó a curar a Veracruz, pero El Salto de Tigre sentenció que ya no tiene solución). A un lado de ellas está una familia de Diablos: madre, padre e hija. Los objetos de adoración tuvieron un costo de 25 mil pesos, y provienen de los estados de Oaxaca y Puebla.
El cuadro se completa con un cráneo enorme de una calavera, la cual encontró enterrada, tiene 30 cirios. Compra muchos y los almacenas; “en esto gasto mucho dinero, pero se recupera”, explicó.
En algún tiempo tuvo una motocicleta y lo apodaban Rambo; ahora es mayor y camina solo por las calles de Comoapan, está ciego de un ojo y sordo, pero ve y escucha todo. No necesita buscar a los clientes, lo vienen a buscar muchos que ayudó hace años.
Concepción Escalera viuda de Sáenz lo contactó, quería ganar la elección a la presidenta municipal; en efecto gobernó San Andrés Tuxtla de 1988-1991; como recompensa estuvo a cargo de la policía municipal.
Nadie se le ha muerto y nunca le ha robado a nadie. Lo han tanteado los brujos, “pero ellos son charlatanes y mentirosos; los viejos brujos murieron, ya no hay en Comoapan y Catemaco ya murió. Solamente queda Fernando Osorio Galindo”.
Trabaja a larga distancia, y ha curado un poco de todo; desde la ciudad más importante de Estados Unidos, como Nueva York, le mandan su paga y agradece.
También lo buscan de Toluca y Zacatecas. No da aguas hervidas, él sana, tiene medicina en frasquitos de todas las cosas: “Problemas de pulmones, el sida lo quita y compone, no lo controla porque tienen cosas ya hechas”.
“Gracias a dios estoy vivo sin nombrar a éste”, su mirada la dirige al brazo
derecho donde está el tatuaje del diablo y la muerte. Trabaja lo negro y lo rojo, le traen un loco y lo alivian. Es decente, honesto, honrado y no estafador, vive de lo que sabe, le caen, 20, 30, 40, 60, clientes diarios.
“Tiene sus dioses para acá y su Virgen de Guadalupe para allá”.
Hasta el momento no tiene problemas con la justicia y no lo han demandado los clientes.
A los clientes que no pagan les habla con la verdad y corta el trabajo, porque para trabajar se vuelve perro, animal; de noche anda, le salen las uñas, los pelos, ya no les tiene miedo a los maestros. Les dice que si “no alivia al que él agarró, los voy a regalar”, le aulló uno, el mero grande, el papá de la Diabla, lo oyó y le dijo “usted trabaja bien señor”. De noche sale y llega a la dos de la mañana.
De treinta trabajos, saca veinte. De sus clientes escucha diferentes expresiones: “Está bien don Fernando”; “ya se alivió mi mamá”; “regresó mi esposa”; “ya se alivió la pierna, puedo caminar”.
Aunque parezca difícil de creer, levanta a los que están en silla de ruedas.
Tiene un “valor duro”, porque hay alguien atrás de él que le dice “sanará” y contesta “sanará, yo voy de acuerdo contigo”. Cuando trabaja habla con ello.
Dice estar vendido y no tener miedo a nada, ni a los ruidos que escucha en su casa, “son ellos”. Una vez se fue de su casa por diez días y cuando regresó vio al Diablo, quien se bajó y andaba parado y le preguntó “¿por qué andas parado? vete a tu lugar”.
Los espíritus habitan su cuerpo y emite sonidos que no son de este mundo; es capaz de voltear la vista para atrás y para adelante. En el Cerro Brujo hay una cueva y abajo hay un agua cristalina que tiene una profundidad de seis
metros. Hay muchos murciélagos y víboras, los que son brujos no tienen miedo que lo piquen, ahí consigue los huevos para las personas que tienen cáncer, los compone con jugo de naranja.
En una especie de ritual llevó su sangre a la cueva, no quería inyectarse se la
sacaron con dos jeringas. Él pasó el miedo de la laguna (Catemaco), iba ahí solito, todos los primero de marzo, pero dejó de hacerlo porque era puro relajo. Muchos le tienen miedo, porque los dioses lo cuidan; ha matado culebras que ponen en su cama y en la puerta.
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