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LA CIUDADANA OLGA
Noticia publicada a
las 02:21 am 23/07/26
Por: Arturo Luna Silva.
Promoción de Olga Lucía Romero
Dice el gobernador Alejandro Armenta Mier que Olga Romero Garci-Crespo gestionó, “en calidad de ciudadana”, obra comunitaria y pavimentaciones para Tehuacán.
La precisión no es menor.
Porque Olga sigue siendo, al menos en papel, dirigente estatal de Morena. Antes fue diputada local por Tehuacán. Dos veces.
Y tuvieron que pasar dos periodos de dirigente, dos legislaturas y años de política para que descubriera que también se podían gestionar calles.
Qué bueno que abrió los ojos.
Tal vez como ciudadana consiga lo que nunca pudo presumir como diputada ni como dirigente: resultados propios, sin depender de la operación gubernamental en las elecciones ni de los logros construidos por otros.
El problema es su lamentable oportunismo.
Ese ímpetu permanente por brillar con luz ajena, apropiarse de acciones gubernamentales y presentar como mérito personal lo que se realiza con recursos públicos vuelve a generar molestia. No por la obra, que es bienvenida, sino por la vieja costumbre de intentar adueñarse de lo que otros hacen.
Peor aún son los señalamientos de colonos presionados para grabar videos de agradecimiento, exhibir un supuesto respaldo a su “labor” y llevar lonas con su nombre a un acto institucional. La fotografía habla por sí misma: el gobernador arriba; Olga, abajo, pero impresa en letras grandes, como si la pavimentación saliera de su bolsa.
La obra es del pueblo. Los recursos son públicos. El reconocimiento corresponde al gobierno que decide, financia y ejecuta.
No a quien pretende convertir cada calle pavimentada en un promocional personal ni fabricar gratitud ciudadana para rehabilitar una carrera política desgastada.
Y todavía faltaba la escena más reveladora.
En el evento, su intención de subir al templete junto al gobernador resultó tan evidente como incómoda. Quiso ocupar un espacio que no le correspondía y tuvieron que marcarle el límite. La pusieron en su lugar: abajo, entre los asistentes, lejos del protagonismo que buscaba.
Ni siquiera los niños escaparon de la operación propagandística. Una cartulina con un “gracias Olga” terminó de completar la patética postal: respaldo cuidadosamente exhibido, nombre colocado donde debía aparecer únicamente el beneficio público y una desesperación difícil de disimular por figurar en cada imagen.
Tehuacán necesita ciudadanos que gestionen.
No políticos fracasados que se disfracen de ciudadanos para apropiarse de logros ajenos, presionar respaldos y colarse en fotografías donde nadie les reservó lugar.
Y, sobre todo, necesita algo que no se compra, no se gestiona y no se pavimenta con dinero público:
Tantita dignidad.