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Ya les llegará su Núremberg
Noticia publicada a
las 01:40 am 21/07/26
Por: Luis Farías Mackey.
Lo que la presidente nos dice con el “no cumplas con la norma”, es que el funcionario público tiene el derecho y la capacidad para determinar qué norma sí se cumple y cuál no, según su entender, circunstancia e interés, más eso no dispone la Constitución: todo funcionario público es un sujeto, por ende, alguien sujetado, al encargo de una función pública que, por serlo,
no queda a su albedrío, sino que está ella y él normados tanto en su obligatoriedad como en su procesamiento. La función pública y la norma que la regula son obligatorias, no quedan al arbitrio, capricho, humor, cálculo, ignorancia o estulticia del funcionario público.
Lo que muestra Sheinbaum con esta actitud y manifestación es una visión patrimonialista del poder, para ella el poder es un bien para usarlo como propiedad y explotarlo en beneficio propio, no una capacidad para llevar a cabo acciones normadas por el derecho con impactos de carácter público y, por ende, con autoridad y responsabilidad igualmente públicas. Ergo, la norma rige a la función y al funcionario, no éste a aquélla.
En otras palabras, para Sheinbaum la ley y su cumplimiento no son obligaciones del encargo público, sino conductas opcionales al criterio, cálculo o sandez de quien detenta el poder como propio, caprichoso y omnímodo, ergo, del tirano.
“No cumplas con la norma” es una patente para delinquir en el poder, no para que el poder prevenga y castigue el delinquir.
Ya les llegará su Núremberg.Lo que la presidente nos dice con el “no cumplas con la norma”, es que el funcionario público tiene el derecho y la capacidad para determinar qué norma sí se cumple y cuál no, según su entender, su circunstancia y su interés, pero eso no dice la Constitución; el funcionario es un sujeto, por ende, alguien sujetado, al encargo de una función pública que, por serlo, no queda a su albedrio, sino que está normada tanto en su obligatoriedad como en su forma de llevarse a cabo. La función pública y la norma que la regula son obligatorias, no quedan al arbitrio, capricho, humor, cálculo o ignorancia del funcionario público.
Sheinbaum lo que muestra es una visión patrimonialista del poder: el poder es un bien para usarlo como propiedad y explotarlo en beneficio propio, no es una capacidad para llevar a cabo acciones normadas por el derecho con impactos que tienen carácter público y, por ende, con autoridad responsabilidad igualmente públicas. Ergo, la norma rige a la función y al funcionario, no éste a aquélla.
En otras palabras, para Sheinbaum la ley y su cumplimiento no son obligaciones del encargo público, sino opcionales al criterio y cálculo de quien detenta el poder como propio, del tirano.
“No cumplas con la norma” es una patente para delinquir en el poder.
Ya les llegará su Núremberg.