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El golpe contra Excélsior
Noticia publicada a
las 02:10 am 10/07/26
Por: Alán Riding.
El periodista británico-brasileño Alan Riding, quien fue corresponsal del periódico The New York Times en México durante los setenta, falleció el 6 de junio último en París. Como observador extranjero, vivió en las oficinas del diario, el golpe del presidente Luis Echeverría contra la libertad de expresión al promover la destitución de Julio Scherer García como director del periódico Excélsior, el 8 de julio de 1976.
En diciembre pasado, con motivo de la reedición en México de "Vecinos distantes"... esta casa editorial le pidió a Riding una entrevista, pero prefirió escribir “todo lo que contiene mi memoria. En este caso, me quedo con el golpe y el nacimiento de Proceso”
A los pocos meses de llegar a México en marzo de 1971 como corresponsal del New York Times, mi primer y gran amigo mexicano fue Samuel del Villar, quien me alertó sobre la importancia del periódico Excélsior. Samuel, recién graduado como doctor en derecho de la Universidad de Harvard y futuro profesor en el Colegio de México, tenía una columna semanal en el diario. Desde entonces, leer Excélsior y su elenco de brillantes columnistas independientes me sirvió como guía para tratar de entender México. Y en los años siguientes, gracias a Samuel, llegué a conocer a su director, Julio Scherer García.
Don Julio, como era bastante conocido, tenía el carisma tranquilo de un líder natural. Le gustaba el contacto físico: su método preferido de conversar era caminar, agarrado del brazo de su compañero de plática. Hacía preguntas muy directas y daba la impresión de prestar atención a las respuestas. Hasta me llamaba don Alan.
Eso explica en buena parte por qué mi esposa, Marlise Simons, entonces corresponsal del Washington Post, y yo nos encontramos en la oficina de Julio Scherer el fatídico día 8 de julio de 1976.
Desde tiempo atrás habíamos seguido las maniobras poco sutiles del gobierno de Luis Echeverría Álvarez para asfixiar al alto mando de Excélsior. Además de enfrentar una campaña en su contra en la prensa oficialista, el periódico también era vulnerable financieramente: era dueño de un terreno que, urbanizado o vendido, iba a enriquecer a los miembros de la cooperativa. En los primeros días de junio de 1976 esta propiedad fue ocupada ilegalmente por una turba manejada por un diputado del PRI, Humberto Serrano. Le tocó a Samuel, como abogado, tratar de negociar una salida pacífica de la ocupación, pero Serrano tenía instrucciones de no ceder antes de que Scherer fuera derrocado. Entonces, más que por razones ideológicas, muchos miembros de la cooperativa apoyaron el golpe organizado por Regino Díaz Redondo para no perder una ganancia inesperada.
Cuando Marlise y yo llegamos a Excélsior el 8 de julio, fuimos directamente a la oficina de Scherer, donde se habían reunido sus colaboradores más cercanos y personalidades como Vicente Leñero y Abel Quezada, quienes vinieron a apoyarlo. Sé por una foto que había otros corresponsales extranjeros presentes, pero lo que más recuerdo casi 50 años después fue el ambiente de alta tensión, hasta de miedo, que reinaba en la sala. Se oían gritos amenazadores que venían de la asamblea ilegal organizada por Díaz Redondo para votar la destitución de Scherer. Sobre todo, se temía una invasión violenta de la oficina del director, frente a la evidencia de que algunos de los rebeldes andaban armados. Cuando se supo que la asamblea había elegido a Díaz Redondo como el nuevo director, Scherer decidió no arriesgar una confrontación sangrienta y propuso que todos saliéramos de su despacho y abandonáramos el edificio de Excélsior. Las fotos de él y de su equipo marchando por el Paseo de la Reforma, con la cabeza bien alta, pero con lágrimas, definieron para siempre esta derrota de la libertad de prensa en México.
Marlise y yo corrimos a escribir nuestros reportajes, cada uno por su cuenta, responsabilizando al gobierno por el golpe contra Scherer. Excélsior apareció al próximo día exhibiendo un nuevo tono conservador, pero los eventos del 8 de julio fueron ignorados por el resto de la prensa mexicana. Eso dio aún más importancia a la cobertura internacional. A nosotros nos tocó informar; a los editorialistas de nuestros periódicos les tocó opinar. El New York Times fue feroz: “Los matones de Lenin en 1917 o de Hitler en 1936 no pudieron haber hecho un trabajo más eficaz de esclavizar a un orgulloso e independiente periódico”. Por su parte, el Washington Post escribió que Echeverría estaba “personalmente detrás de las crudas presiones económicas y de las tácticas brutales que resultaron en la expulsión del director de Excélsior, Julio Scherer, y unos 200 miembros de su personal”.
Sin embargo, la victoria del gobierno duró poco. Scherer no tardó en anunciar que iba a crear un nuevo semanario que saldría antes de que Echeverría dejara el poder el 1 de diciembre de 1976. Y Octavio Paz, al renunciar como director de la revista literaria Plural, publicada por Excélsior, anunció la fundación de una nueva revista mensual, Vuelta.
Entretanto, el gobierno reanudó sus amenazas contra Scherer. Le cortó el acceso a papel periódico, lo que obligó a Scherer a adquirirlo prestado o en el mercado negro. Los Pinos le avisó que sólo permitiría su nueva publicación si no atacaba a Echeverría. Y la Presidencia hasta movilizó a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal para investigar a Scherer por una supuesta malversación de 650 mil dólares de Excélsior. Me acuerdo bien de que nos unimos a un grupo de partidarios que acompañó a Scherer a la Procuraduría el 25 de octubre, cuando fue citado por la justicia. Creo que la presencia ruidosa de la prensa internacional aquel día ayudó a convencer al gobierno de abandonar la investigación.
Gracias a su valor personal y su compromiso con el periodismo independiente, Scherer había triunfado. El 6 de noviembre de 1976 apareció la primera edición de Proceso con una fuerte crítica al gobierno de Echeverría y así empezó un nuevo capítulo en la lucha por la libertad de expresión en México.