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Inversión en picada
Noticia publicada a
las 02:25 am 30/06/26
Por: Darío Celis.
La economía mexicana se está enfriando por donde más duele. El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp) puso el dedo en la llaga al confirmar lo que en los pasillos empresariales se venía anticipando desde finales de 2024: la inversión privada se desplomó y, con ella, el ánimo de crecimiento.
No es algo aislado. Se trata de seis trimestres consecutivos con variaciones anuales negativas en la inversión. Una señal clara de que algo estructural se rompió. El capital, ese que genera productividad, empleo formal y mejores salarios, decidió tomar distancia. Y en economía, cuando la inversión se repliega, el resto de las variables termina por seguirle el paso.
El argumento del centro dirigido por Carlos Hurtado no sorprende, pero sí incomoda en su lectura política: la incertidumbre es el principal enemigo. Un entorno donde el estado de derecho es frágil, la inseguridad pública no cede y las dudas sobre el T-MEC siguen latentes, no es precisamente el terreno fértil para detonar proyectos de largo plazo. La inversión no se guía por discursos, se mueve con certezas.
Ahí están los números: en el primer trimestre de 2026, la inversión privada cayó 3.5% trimestral y 4.5% anual. Más preocupante aún es que ese deterioro se arrastra desde finales de 2024. Es decir, no hay todavía un punto de inflexión visible.
El Gobierno presume un repunte en la inversión pública de 7.9% trimestral y 6.7% anual, pero los datos de la propia Secretaría de Hacienda muestran que en realidad el gasto en inversión física cayó 15.6% anual en el primer trimestre y 18.4% en el acumulado enero-abril. La narrativa y la ejecución no están alineadas.
En paralelo, el consumo privado, que había sido el último motor en resistir, también comienza a flaquear. Una caída trimestral de 0.8% rompe la inercia de cinco trimestres positivos. El mensaje es inequívoco: las familias están ajustando el gasto.
El resultado agregado ya se refleja en el PIB. Una contracción trimestral de 0.6% y un crecimiento anual marginal de 0.4% obligaron a recortar expectativas. El Banco de México y los analistas del sector privado coinciden: el crecimiento para 2026 apenas rondará el 1.1 por ciento.
La pregunta de fondo no es si habrá un rebote en el segundo semestre, sino si existen condiciones para sostenerlo. Porque pequeños repuntes técnicos no sustituyen la confianza.
La economía mexicana enfrenta hoy un dilema clásico: sin inversión no hay crecimiento, y sin condiciones para invertir, el círculo se vuelve vicioso. La Iniciativa Privada no está pidiendo incentivos extraordinarios; está exigiendo certidumbre básica.
El costo de ignorar esa demanda ya comenzó a reflejarse. Y, como suele ocurrir, la factura llegará en forma de menor empleo, menor dinamismo y menor bienestar. El tiempo para corregir sigue abierto, pero el margen, cada trimestre, se vuelve más estrecho.