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La Corte del bienestar
Noticia publicada a
las 02:06 am 26/06/26
Por: Juan Manuel Mecinas.
Los integrantes de la Corte actual llegaron a su puesto por un fraude electoral. No es otro el origen de su encomienda. La elección en la que se les eligió estuvo marcada por el uso de un acordeón que indicaba los nombres de quienes hoy la integran. Todo ello llevaba a la sospecha (fundada, por supuesto)
de que la ocupante de Palacio Nacional los eligió y que la maquinaria electoral del partido en el poder los había puesto en ese lugar para fallar a su favor cuando así se requiriera.
Si alguien dudaba de todo ello, hace dos semanas los ministros de la Corte despejaron cualquier duda: acudieron como matraqueos a un evento para celebrar los dos años del triunfo electoral de la presidenta de la República.
Algunos intentan justificar la asistencia de los ministros a un evento partidista, aunque es injustificable que los ministros fueran a aplaudir, cuando su papel es el de comportarse como guardianes de la constitución y árbitros en los litigios en los que la presidenta participa.
¿Eso aleja inversores o ahuyenta a quienes quieran hacer negocios en México? La respuesta es obvia, aunque no es el más importante de todos los problemas que refleja la asistencia de los ministros a un evento partidista. Lo que está claro es que el Poder Judicial está sometido al Ejecutivo y eso es una mala noticia para todos, porque la voluntad del Ejecutivo no encuentra límites. El problema no es cuando el Ejecutivo atina, sino esencialmente cuando la presidenta toma decisiones inconstitucionales, que transgreden los derechos de todos los mexicanos o que afectan el funcionamiento o la autonomía de otras instituciones esenciales del país. Es ahí cuando se esperaría contar con una Corte que ponga límites al poder Ejecutivo, que inevitablemente toma decisiones acertadas y desacertadas. Esa Corte no existe.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación es una vergüenza y eso aplica para sus integrantes. Si creemos que esta corte y estos Ministros son una excepción, y que quienes los antecedieron fueron ilustres, nos engañamos. La Corte ha sido demasiado deferente con el poder desde hace más de tres décadas y presenciamos un proceso de descomposición y de pérdida de la independencia judicial que desemboca en la Corte actual, pero se explica por muchas razones: unas que tienen que ver con los políticos mexicanos y otras que tienen que ver con ministros, magistrados y jueces que debilitaron la posición de la Corte frente a otros poderes (principalmente frente al Ejecutivo).
Los yerros de Azuela, de Góngora, de todos los presidentes de la Corte (desde 1995 a la fecha), y las resoluciones donde la Corte y los ministros se excedieron en su papel (o lo omitieron, como en los casos donde se involucraba al Ejército), por supuesto que pavimentaron el camino para llegar a este momento, donde los ministros más grises de todos los tiempos ocupan los nueve lugares en el máximo tribunal del país.
Si todo lo anterior es cierto, no se debe olvidar lo más importante: el grupo en el poder es el mayor responsable del ridículo que está haciendo la Corte y del desastre del Poder Judicial. Será difícil la construcción de un Judicial que hoy está borrado. El Poder Judicial no existe para el ciudadano común: si enfrente está el interés del grupo en el poder o de alguno de sus integrantes, el ciudadano encontrará excusas, simulaciones, pero no justicia. Esa es la tragedia más dolorosa y preocupante. Algunos siguen sin verla.