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Estados Unidos se mete autogol en el Mundial
Noticia publicada a
las 02:30 am 19/06/26
Por: Darío Celis.
El Mundial de 2026 será el más grande de la historia, con 48 selecciones, 104 partidos y millones de aficionados moviéndose entre tres países. Pero más allá del espectáculo, el torneo ya exhibe una tensión que trasciende lo futbolístico, y es que Estados Unidos concentra el negocio, mientras México podría quedarse con el flujo real de aficionados internacionales.
En el papel, el dominio de la nación gobernada por Donald Trump es incuestionable. De los 104 partidos, 78 se jugarán en territorio estadunidense, lo que le garantiza controlar la mayor parte de los ingresos, patrocinios y derechos asociados al evento. Además, el impacto económico proyectado supera los 17 mil millones de dólares, con más de un millón de turistas internacionales esperados.
El factor que puede alterar el equilibrio no está en la cancha, sino en la frontera. Las políticas migratorias de Estados Unidos están complicando la llegada de aficionados de distintas regiones. Procesos de visa largos, restricciones para ciertos países y costos elevados ya generan preocupaciones dentro del ecosistema FIFA. Incluso se han registrado casos de árbitros y delegaciones que enfrentan problemas para ingresar.
Aunque sólo albergará 13 partidos, el país podría convertirse en el verdadero punto de encuentro internacional. ¿Por qué? Por algo tan básico como que es más fácil entrar a México que a Estados Unidos, sino solamente vean al árbitro somalí que le fue negado el acceso y no podrá ser parte de la justa mundialista.
A eso se suma otro factor clave: el costo. Viajar, hospedarse y consumir en México sigue siendo considerablemente más accesible. Para un aficionado latinoamericano, africano o incluso europeo, asistir a partidos en Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey no sólo es más viable, sino más atractivo en términos de experiencia.
Los números ya lo anticipan. México espera millones de visitantes durante el torneo y una derrama económica de hasta 4 mil millones de dólares. Pero más relevante que el monto es el perfil del visitante: más diverso, más global y más cercano al espíritu original del Mundial.
Porque si algo ha cambiado en estas cuatro décadas es la naturaleza misma del evento. El Mundial de 1986, también en México, se vivía en la calle, en los restaurantes, en los negocios locales que formaban parte espontánea de la fiesta. Hoy, la FIFA ha convertido el torneo en un ecosistema cerrado: licencias estrictas, patrocinadores exclusivos y un control absoluto sobre el uso de su marca.
En Estados Unidos, ese modelo encaja perfectamente. Es un mercado diseñado para operar así. En México, en cambio, convive con una economía más abierta, donde el Mundial inevitablemente se desborda hacia la vida cotidiana.
Estados Unidos organizará el Mundial más rentable de la historia. Pero México podría organizar el más vivido.
En un torneo que presume globalidad, las barreras migratorias amenazan con segmentar a los aficionados. Y en ese escenario, el país que facilite la entrada, no sólo a los estadios, sino a la experiencia, será el que termine capturando algo más valioso que el dinero: la autenticidad del evento.
LA COPA MUNDIAL de Futbol generará una derrama turística estimada en mil 30 millones de dólares para México, aunque su impacto económico será limitado. Analistas de Moody’s señalaron que el beneficio será acotado debido al reducido número de partidos que se disputarán en el país. También influyen factores como el costo de boletos, distancias entre sedes y restricciones migratorias. Se prevé la llegada de alrededor de 768 mil visitantes, cifra menor a estimaciones oficiales. Los sectores más beneficiados serán turismo, hospitalidad, transporte y entretenimiento. La banca también verá un impulso temporal en créditos al consumo y a pymes. Otras proyecciones estiman una derrama mayor, pero con efecto moderado en el PIB.