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Olga Romero; lectura de una imagen
Noticia publicada a
las 02:32 am 18/06/26
Por: Fernando Maldonado.
En política las fotos no se explican: se leen. Quienes no hacerlo están fuera de la jugada. Las batallas llegan a los últimos encuentros. Empiezan a cerrarse.
Las postulaciones están cada vez más cerca. Los grupos ya se mueven, las señales ya circulan y las fotografías comienzan a decir lo que muchos todavía no se atreven a pronunciar en voz alta.
Olga Romero, aparece en otra circunstancia. Sigue vigente, pero estar vigente no es lo mismo que estar presente. Esa es la diferencia que en política separa a quienes mandan de quienes solo resisten. No es su mejor momento. Su salud política está mermada. Su presencia en Tehuacán, donde hace unas semanas caminaba como si ya tuviera candidatura amarrada. De pronto bajó el ritmo, se apagó la narrativa y apareció el silencio.
Y cuando alguien que venía en campaña permanente decide detenerse, la pregunta obligada es: ¿quién le dio el recado?
Porque en Morena nadie se mueve sin lectura. Nadie se enfría por casualidad. Nadie deja una plaza si siente que la tiene ganada. Algo pasó. Alguna encuesta habló. Algún mensaje llegó. Algún cálculo cambió.
La dirigente estatal parece flotar, al ritmo de la corriente, reapareciendo en eventos partidistas para sostener la idea de que sigue en el tablero, pero cada vez más lejos del centro real de decisiones. Su permanencia al frente del partido ya no se ve como fortaleza, sino como una pausa administrativa: sigue ahí porque todavía no se activan los mecanismos políticos para reemplazarla.
A eso se agrega el otro frente: el pleito por la herencia de Socorro Romero Sánchez. Una disputa larga, pesada, incómoda, que se ha vuelto parte inseparable de su imagen pública. En política, los expedientes también pesan. Y cuando pesan demasiado, terminan condicionando cualquier aspiración.
Por eso la foto hace ruido, no por lo que muestra, sino por lo que sugiere: que quien mueve las piezas ya tiene claros sus activos. Hay personajes que ya son parte del futuro, y otros, que administran su salida. Olga Romero parece estar en ese segundo grupo y su problema no es solo Tehuacán, sino que se achicó en el partido.
Su problema es que ya no transmite fuerza. Su problema es que cada aparición parece más un intento de sobrevivencia que una demostración de liderazgo.
En política, cuando se empieza a vivir de la cortesía de los demás, el tiempo se agotó. Aparecer en la foto no significa seguir en el círculo de poder. Se puede estar en el evento, aparecer en la imagen y aplaudir desde la mesa. Muy distinto es tomar decisiones.
Tehuacán ya le bajó el volumen. El partido empieza a marcar distancia.
El gobernador acomoda su equipo. Y la herencia que tanto persiguió tampoco le dio la oxigenación política que esperaba.
@FerMaldonadoMX