Claudia Guerrero Martinez
"ENTRE LO
UTOPICO Y LO VERDADERO"
Gilberto Nieto Aguilar
"LIBERTAD
Y EDUCACION"
Martin Quitano Martinez
"ENTRE
COLUMNAS"
Evaristo Morales Huertas
"VERACRUZ
EN LA MIRA"
Luis Hernandez Montalvo
"MAESTRO
Y ARTICULISTA"
Cesar Musalem Jop
"DESDE
LAS GALIAS"
Angeles Trigos
"AIDOS
Q DIKE"
La mujer es lo mas bello de la vida, cuidemos de ellas...
Olga Romero: cuando el poder se vuelve herencia
Noticia publicada a
las 02:35 am 02/06/26
Por: Arturo Luna Silva.
Sí. Cuando el poder se vuelve herencia y la política deja de ser política.
Hay conflictos familiares que terminan en juzgados.
Y hay otros que terminan tocando instituciones, estructuras de gobierno y partidos políticos.
El problema es que cuando eso ocurre, dejan de ser asuntos privados.
Se convierten en costos públicos.
Eso es exactamente lo que parece estar ocurriendo alrededor de la dirigente formal -no real- de Morena en Puebla, Olga Lucía Romero Garci Crespo, conocida políticamente como “Monina”, porque la discusión hace mucho dejó de ser únicamente una disputa hereditaria.
Hoy el debate es otro: hasta dónde puede llegar el uso del poder cuando la ambición personal se mezcla con política, fiscalías, campañas y estructuras partidistas.
Porque el tema ya no es solamente la herencia. El tema es todo lo que ha ocurrido alrededor de ella. Operativos, cateos, uso intensivo de instituciones, detenciones de alto impacto, movilización de aparatos del Estado y una narrativa que comenzó a instalarse entre empresarios y actores políticos: la percepción de que una disputa patrimonial terminó contaminando espacios que nunca debieron tocarse.
Las imágenes pesan. Siempre pesan. Una de las empresas más importantes de Tehuacán bajo presión institucional. Operativos con despliegues que parecían reservados para objetivos de alto impacto. Adultos mayores sometidos a procesos agresivos. Una mujer enferma cuya situación médica terminó ocupando espacio en la discusión pública.
Y al fondo aparece el mismo nombre, una y otra vez: la dirigente estatal de Morena en Puebla.
Ahí es donde comienza el verdadero problema político. Porque mientras el gobernador Alejandro Armenta Mier intenta construir estabilidad, atraer inversión y reorganizar el estado después de años complejos, desde el propio partido aparecen factores que parecen caminar exactamente en sentido contrario. Y el desgaste no viene de la oposición. Viene desde dentro.
Más incómodo todavía es observar quiénes orbitan alrededor de ese proyecto. Porque alrededor de “Monina” siguen perfiles ligados al viejo barbosismo, operadores acostumbrados al poder, personajes que crecieron al amparo del antiguo régimen poblano y que hoy vuelven a aparecer cerca de la operación política.
Pero no solamente eso. También se observan cercanías con personajes vinculados históricamente al PAN. El problema no es el origen partidista. El problema es la contradicción.
Mientras tanto, la propia dirigencia nacional parece guardar distancia. Ya no existen las señales de respaldo absoluto de otros tiempos. El ruido interno crece. Ya incluso muchos cuentan las horas que durará como encargada del partido oficial en el estado.
Las ausencias pesan. Y dentro del propio morenismo poblano cada vez más voces comienzan a repetir lo mismo: el problema ya no está afuera; el problema está adentro.
Y en medio de todo surge una pregunta que cada vez más personas hacen en Tehuacán.
¿Qué quiere ser realmente Olga Lucía Romero Garci Crespo?
¿Presidenta estatal de Morena? ¿Candidata a la alcaldía? ¿Restaurantera?
¿Operadora política? ¿Litigante de conflictos hereditarios?…
¿Qué, qué quiere ser realmente Olga Lucía Romero Garci Crespo?
La política tiene memoria.
Y también, siempre, pasa factura.