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Recuerdo sus grandes anaqueles llenos de mercancía y su mostrador amplio, detrás varios empleados despachaban a los clientes, en las vigas colgaban sillas de montar, mecapales, molinos de café, vendían de todo, maíz, frijol, petróleo, arroz, canela, aceite, loza y un sinfín de productos.
Antes del Día de las madres, 10 de mayo, se apersonaba y solicitaba velas de cera, jabones, listones, algunos ternos envueltos en celofán con un moño rojo, alguna tela para vestido, todo lo arreglaba en una mesa con patas de tijera, se la colocaba arriba de su cabeza; se iba a la plaza a vender la mercancía solicitada, por la tarde regresaba a la tienda para pagar lo que vendió, guardaba las ganancias para comprar un regalo a su madre, doña Juana Cisneros.
El escritor, pintor, Gerardo Murillo bautizado con el seudónimo de Dr. Atl, escribió el cuento La niña que sacó de la cárcel a su mamá, la narración inicia “Tres días después de que los gendarmes se llevaron a su mamá, Toñita fue a buscarla a donde le dijeron que podía encontrarla, a la comisaría”.
El cuento se desarrolla en la búsqueda de Cresencia López por parte de su hija de diez años, con la ayuda de Refugio se dieron la tarea de localizar por diversos centros penitenciarios a su madre, llegaron hasta la cárcel de Belén donde estaba se encontraba detenida, ahí Toñita hizo una defensa de su madre y narró lo sucedido en el barrio de Atlampa.
No hay delito que perseguir. Crecencia López queda en libertad, sentenció el juez. En el libro El Galano Arte de Leer, de Michaus Domínguez, Editorial Trillas, 1967, encontramos el texto De una madre Azteca a su hija, de la autoría de Manuel F. Vázquez, “Hija mía, nacida de mi sustancia, alimentada con mi leche, he procurado criarte con el mayor esmero, y tu padre te ha elaborado y pulido a guisa de esmeralda, para que te presentes a los ojos de los hombres como una joya de virtud… Soy tu madre y quiero que vivas bien”.
La escritora chilena Lucila Godoy Alcayaga, quien adoptó el nombre de Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura en 1945, publicó la antología Lecturas para Mujeres, libro editado por la SEP en 1924, en tiempos de José Vasconcelos. Entre los textos que figuran se incluye, “La madre y el niño” del francés Carlos Louis Phillippe, “Cuando yo tenía dos años, mamá, tú eras fuerte como una fuerza de Dios. Eras bella con toda clase de bellezas naturales… tu eres mi ciudadela”.
Mistral, escribió Recuerdos de la madre ausente, ahí leemos, “Madre, en el fondo de tu vientre se hicieron en silencio mis ojos, mi boca, mis manos”.
El poeta Antonio Plaza (1833-1882), originario de Apaseo el Grande, en su composición La voz del invalido, dice “Andrés, una madre ama y sólo un perro agradece”.
POR RUBÉN MARTÍNEZ CISNEROS
Fuente: HERALDO DE MEXICO.
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