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La muñeca es "artificial", pero la violación es real
Noticia publicada a
las 04:12 am 25/04/26
Por: Olimpia Coal Melo Cruz.
Se presume como innovación tecnológica, pero responde a una nueva demanda comercial creada con base en el capitalismo de las emociones, el dominio, el control y la violencia
Hace tres años en mi artículo "Sexo con Robots: la automatización de la violación" lo había hecho visible. Pero cada vez la tendencia de la deshumanización,
el reemplazo y el lucro de la explotación sexual digital se potencializa más.
Una búsqueda en Google te lleva a un sitio donde la promesa es: “Tu compañera perfecta te está esperando; todo lo que tienes que hacer es crearla”.
Se presume como innovación tecnológica, pero responde a una nueva demanda comercial creada con base en el capitalismo de las emociones, el dominio, el control y la violencia.
Es una construcción patriarcal con distinto motor: la posibilidad de diseñar, ajustar y consumir una mujer completamente disponible, completamente moldeable, completamente tuya, en el espacio digital.
Candy AI no inventa una innovación. Automatiza la violencia. Reproduce la violencia misógina que históricamente ha consumido cuerpos femeninos a su antojo, pero ahora con interfaz amigable.
Su narrativa descansa en tres pilares que no son casuales: disponibilidad ilimitada, ausencia de conflicto y personalización total. Es decir, una “relación” sin límites, sin fricción y -sobre todo- sin posibilidad de resistencia. La pareja perfecta es la que no dice que no. La que no tiene deseo propio. La que no puede retirar el consentimiento porque nunca lo tuvo.
Esto no surge en el vacío. Es la evolución de una cultura de pornificación que lleva décadas entrenando la mirada sexual: cuerpos femeninos diseñados para ser vistos, consumidos y subordinados. Lo que antes era visual, hoy es conversacional. Lo que antes era pasivo, ahora simula reciprocidad. Pero la lógica permanece intacta: el deseo masculino como centro y lo femenino como servicio.
La diferencia es que ahora la ilusión de vínculo se vuelve más sofisticada… y más peligrosa.
Candy AI promete “conexiones profundamente emocionales” al mismo tiempo que ofrece “sexting intenso” y selfies con “atuendos reveladores”. Esta mezcla no es contradictoria: es estratégica. Es patriarcado en alta definición. Es la fusión entre afecto simulado y acceso sexual irrestricto. Es la normalización de una intimidad donde el otro no existe como sujeto, sino como función.
Y aquí es donde hay que nombrarlo sin rodeos: esto no es solo un deseo. Es la pedagogía de la violación.
Porque la violación no empieza en el acto físico. Empieza en la construcción cultural donde el consentimiento deja de ser relevante. Donde el deseo del otro es irrelevante. Donde el acceso al cuerpo -o su simulación- se vuelve un derecho unilateral.
Y aunque es verdad que estas “parejas ideales de inteligencia artificial de antropomorfización” pueden adquirir formas y consumo masculino y femenino. En el mercado somos siempre las mujeres reducidas al producto y esto es el engaño del placer diseñado en la opresión del cuerpo femenino. Que nos afecta a todos y a todas.
Estas plataformas entrenan exactamente eso: la idea de que siempre habrá una mujer disponible, sin límites, sin condiciones, sin agencia. Una mujer que no puede negarse. Una mujer que ha sido programada para desear lo que tú deseas.
Eso es la automatización de la violación.
No porque haya un cuerpo físico vulnerado, sino porque se consolida la lógica que la hace posible: la eliminación del consentimiento como eje de la relación. La fantasía machista de control absoluto. La erotización de la violencia. Y la romantización de la compañía artificial que a la larga nos hará humanos incapaces de las relaciones sociales.
El problema no es que alguien “prefiera” una novia de IA. El problema es que estas tecnologías refuerzan una cultura machista donde la reciprocidad desaparece, donde el vínculo se reemplaza por control, y donde la intimidad se convierte en un producto configurable. Se trata de convertir la violación en código. Y de programar este código bajo las reglas de siempre.
¿Por qué la tecnología configura mujeres que no pueden decir que no?
¿Quién se beneficia?
¿Qué mundo le vamos a dejar a las infancias del futuro? ¿Y qué estamos dispuestos a permitir explotar, monetizar y lucrar con tal de tener el poder económico de control?
POR OLIMPIA CORAL MELO CRUZ