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Verdad inocultable
Noticia publicada a
las 02:36 am 09/04/26
Por: Gerardo Hernández.
El capitalismo global vive una paradoja cada vez más difícil de disimular: nunca se había generado tanta riqueza, y nunca había estado tan concentrada, advierte Gerardo Moyano en el nuevo número de Espacio 4. Mientras la lista anual de multimillonarios crece en número y volumen, los indicadores de pobreza muestran estancamiento,
retrocesos y una fragilidad estructural que atraviesa continentes. No se trata de dos fenómenos aislados, sino de un mismo sistema operando en direcciones opuestas, observa el periodista.
Señala que El último listado de multimillonarios de la revista Forbes —World’s Billionaires List: The Richest in 2026— no deja lugar a dudas: la élite económica global no sólo crece, se acelera. Más de 2 mil 700 magnates concentran alrededor de 15 billones de dólares, una cifra récord que sigue expandiéndose impulsada por los mercados financieros y el auge tecnológico.
En la cima, los nombres son familiares. Elon Musk se mantiene como una de las figuras dominantes del ranking, junto a Bernard Arnault y Jeff Bezos, en una disputa constante por el primer lugar. También aparecen Mark Zuckerberg, Larry Ellison y Warren Buffett, consolidando el peso de la tecnología, el lujo y las finanzas como motores centrales de acumulación.
América Latina también tiene presencia en el ranking. En el caso de México, nombres como Carlos Slim Helú continúan siendo referencia obligada dentro del listado global, acompañado por otros empresarios vinculados a sectores como telecomunicaciones, minería y comercio. Aunque lejos de los primeros puestos, su permanencia refleja la consolidación de grandes capitales en economías emergentes.
La lista también revela contrastes internos: más del 60% de los multimillonarios son considerados self-made, aunque con matices que incluyen herencias, redes familiares o acceso privilegiado a capital. La participación femenina sigue siendo marginal –apenas alrededor del 13%–, lo que evidencia que la concentración de riqueza también reproduce desigualdades de género.
En paralelo, la velocidad de acumulación rompe cualquier referencia histórica. Fortunas que hoy superan los 50 o 100 mil millones de dólares se han construido en menos de una década, impulsadas por valorizaciones bursátiles y expectativas de crecimiento más que por producción tangible. La riqueza crece más rápido que la capacidad de los estados para regularla.
Por otro lado, el informe más reciente de Oxfam ofrece un contraste contundente. Más de 700 millones de personas viven en pobreza extrema, con ingresos por debajo de 2.15 dólares diarios. Si se amplía la medición, cerca de la mitad de la población mundial se encuentra en condiciones de vulnerabilidad económica.
En África subsahariana, la pobreza extrema afecta a más del 40% de la población. En América Latina, la región más desigual del mundo, el 10% más rico concentra más de la mitad de la riqueza en países como Brasil y México. En India, el 1% más rico posee más del 40% del patrimonio nacional, mientras millones permanecen en condiciones precarias. Incluso en economías desarrolladas, la concentración patrimonial ha alcanzado niveles no vistos en más de un siglo.
El problema no es sólo la pobreza, sino su persistencia. La inflación, el encarecimiento de alimentos y energía, y la precarización laboral han erosionado avances previos. En muchos países, el crecimiento económico no se traduce en mejoras reales para la mayoría. La desigualdad, en este contexto, no es una falla del sistema: es su consecuencia estructural .