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Tehuacán: cuna de hampones
Noticia publicada a
las 03:47 am 07/04/26
Por: Valentín Varillas.
La caída en picada inició con Felipe Patjane en el 2018.
En apenas un año de gestión operó un boquete financiero de más de 120 millones de pesos en contratos asignados de manera discrecional y sin la autorización del cabildo.
Sobrecostos, moches y demás, en montos y tiempo récords.
Fue sentenciado por los delitos de uso ilícito de atribuciones y facultades un día antes de volar a su boda, de la CDMX a Cuernavaca.
La enemistad con Miguel Barbosa la utilizó para vestirse con el traje de “perseguido político”, pero las cifras jamás cuadraron.
El saqueo fue de antología.
Pasó a la historia por convertir el año de Hidalgo en el primero y no en el último de una administración.
Su suplente resultó peor.
Artemio Caballero hizo pedazos las finanzas públicas municipales, al grado de que la Auditoría Superior del Estado detectó un daño patrimonial de 258 millones de pesos tan sólo en el 2020.
De locos.
Al terminar su breve período como edil y consciente del cochinero que había dejado como herencia, de plano se fugó durante el proceso de entrega-recepción para evitar firmar las actas finales, dejando desmanteladas áreas prioritarias como la seguridad pública y el servicio de limpia.
Y en ese contexto llegó Pedro Tepole, un auténtico Hood-Robin.
Aquel que le robó a los pobres para darle a los ricos.
Contratos millonarios en donde reinaron los sobrecostos y el descarado cobro de moches.
Estos fueron la constante en sus tres años de gobierno, pero con una particularidad:
este personaje denunció ante la Fiscalía a parte de su gabinete como “caja china” para esconder sus corruptelas.
Un burdo y penoso espectáculo en donde hundió jurídicamente a funcionarios de áreas como Tesorería y Licitaciones, cuyo único delito fue seguir al pie de la letra sus órdenes en el desempeño de sus funciones.
Tepole encabezó un gobierno completamente desconectado con la ciudadanía, incapaz de resolver temas de delincuencia y servicios públicos.
Fue repudiado por la gran mayoría, al grado de que Morena no lo llevó como candidato para repetir en el 2024.
Sabían que era un suicidio político.
Aún así, tuvo la desfachatez de competir por el PVEM, obteniendo apenas un 16% de los votos.
El ganador de esa contienda fue Alejandro Barroso Chávez.
Tuvo el 46% de las preferencias de los habitantes de Tehuacán, pero su labor como alcalde pinta igual o peor que la de sus antecesores.
Siguen la opacidad y la falta de transparencia en los contratos asignados.
Desde su oficina se define la operación de redes criminales que involucran pactos inconfesables con criminales y líderes de mercados como la Purísima, que gozan de total impunidad.
La maquinaria de corrupción camina bien aceitada también en todo lo que tiene que ver con Tránsito municipal.
El dinero que dejan estos acuerdos fluye con la eficiencia que no tienen las principales áreas de la administración pública municipal.
Ojalá así crecieran los indicadores en materia de crecimiento, servicios, o superación de la pobreza.
Tehuacán ha tenido más alcaldes y encargados de despacho, que proyectos de infraestructura exitosos en los últimos seis años.
La buena es que el gobernador Armenta prometió ya tomar cartas en el asunto.
La mala es que Olga Romero Garci-Crespo ya se apuntó para ser la próxima que gobierne el municipio.
De ser así, la maldición continuará.
Pobre Tehuacán.