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si es que todavía quedan algunos, y poniendo en riesgo extremo a la civilización. Esto me recordó un pensamiento: “Quizá un visitante de otro mundo que venga a nuestro planeta, al pasar por las calles, tan llenas de escombros y muertes, y al ver nuestras tierras, ríos y mares todos desechos y contaminados, podrá decir: Aquí tal vez hubo gente, jamás una civilización”.
Así es que con algo de prejuicio empecé a leer: El Arte de la Guerra, del chino Sun Tzu, tratando de encontrar las raíces, el engranaje, o algunas explicaciones, si es que las hay, de tanta barbarie.
Me quedé sorprendido al adentrarme en la lectura, al descubrir interesantes ideas, que nos servirían sin duda a todos en nuestras batallas cotidianas, especialmente en la lucha contra nosotros mismos, de cómo tener paciencia, autocontrol, discernimiento al leer los múltiples signos externos (terrenos, climáticos, emocionales, alimentación, engaños), para saber esperar, y escoger el momento para actuar. El libro te enseña la importancia del conocimiento de uno mismo, y del otro. Y te explica por qué es necesaria la preparación y el estudio, valores que no tienen por qué ser usados sólo para el mal.
También se enfoca, como su título lo indica, en el arte de conducir y dirigir a los soldados para el combate. Cómo estar al frente de ellos y motivarlos. Instruye a los líderes que dirigen a los ejércitos, sobre la importancia de conocer todas las circunstancias de la naturaleza, el agua, el viento, el fuego, la noche, el día, y así poder armar estrategias y asegurar la victoria. Cuándo avanzar, detenerse, retroceder, cuándo pelear o buscar la paz.
Remarca la importancia de vivir y trabajar con orden, en obediencia, siempre organizado, en unidad, aprendiendo como general al mando, a ganarte la confianza de tu equipo; para llegar a actuar como un sólo hombre para conseguir los objetivos.
Te ilustra en qué proporción numérica combatir, cómo actuar en campo abierto, hostil, montañoso o con encrucijadas, y también, cuando hay que darle todo, por no existir escapatoria.
Es una obra que cristianamente hablando, podría traducirse y aplicarse a la Misión, para unificar los recursos de toda la Iglesia, enfocados a la instauración del Reino de Dios, al estilo que el Papa Francisco lo proponía.
Es un libro con 2500 años de antigüedad, que habla lamentablemente de las luchas que siempre han existido, del enfrentamiento de unos pueblos contra otros. Aunque pareciera un poco mesurado, sin embargo llega a los niveles de destrucción que vemos en todas las guerras, incluidas las mundiales del siglo XX, y las actuales, lamentablemente.
Como si el hombre, cuando se trata de dañar y agredir a los demás, perdiera la cabeza, y con ello, su misma razón, incluso presentando la guerra como un video juego, como lo denunció el Card. Blase Cupich, arzobispo de Chicago, cuando la Casa Blanca comparó de esta manera a la guerra de EU e Israel contra Irán. Con la ligereza, inconsciencia, frivolidad y trivialidad, que esto implica.
No me quedé muy tranquilo, al terminar de leer el libro, lo confieso.
Fuente: Zócalo de Saltillo.
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