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donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España).
A poco más de un año de gestión, lo más intrigante del gobierno de Alejandro Armenta es su fascinación por la tozudez, la obstinación y la terquedad en la implementación de sus ideas. Una y otra vez se ha empeñado en imponer, a modo de ocurrencia y aún de extravagancia, aquello que considera debe ser y hacer Puebla y los poblanos durante su mandato.
De tal suerte, caprichitos por aquí y caprichotes por allá: 1) Ha llenado la administración con inexpertos y bisoños secretarios de gabinete, 2) Ha revivido a zombis políticos tricolores, y, 3) Ha adoptado un estilo retobón y pendenciero con todos aquellos que no agachan la testuz en su presencia, sean estos periodistas, ecologistas, académicos o intelectuales. El caso más reciente de este estilo lo constituye el Cablebús.
Personalmente me declaro inexperto en vialidad citadina y neófito en cuestiones ambientales; en lo primero, no paso de la incomprensión sobre porqué los semáforos nunca están sincronizados y, en lo segundo, no sabría cómo calcular mi huella de carbono e ignoro si mi modesta jardinera hogareña y tres o cuatro macetas, me otorgan algún tipo de categoría ecológica positiva.
Ahora bien, de lo que sí entre ligo algo es, sobre relaciones humanas y proyectos y programas culturales y, más aún, (modestia aparte) creo poseer un ligero barniz de sentido común.
Y es basado en ello que me atrevo a señalar las bárbaras formas organizacionales y administrativas del actual gobierno y, sobre todo, las flagrantes carencias académicas en la materia, que lo han llevado al constante emberrinchamiento porque alguien les señale que han hecho las cosas en forma políticamente indebida en estos primeros doce meses.
Por esto pregunto, realmente intrigado e incrédulo: ¿cómo es posible, Alejandro, que en tus tantos y tantos años de político activo nadie te haya mencionado a Edward A. Murphy Jr., y a Laurence J. Peter como referentes para un cuerdo y equilibrado ejercicio gubernamental?
Esto es bochornosamente escandaloso en este siglo XXI por lo que, permíteme, humildemente, enmendar esa carencia.
Edward Murphy, laboró en la fuerza aérea norteamericana en Sistemas Críticos de Seguridad. Un día durante una prueba de cohetes en la Base Aérea Edwards, todo salió mal porque un incompetente empleado (casi tanto como tus secretarios de Cultura), conectó mal unos cables. Frustrado, en vez de tronarle los dedos en público, reflexionó sobre el asunto y acuñó tres axiomas conocidos hoy como las Leyes de Murphy.
1: "Si algo puede salir mal, saldrá mal" (If anything can go wrong, it will).
2: "Si varias cosas pueden ir mal, irá la que genere problemas mayores".
3: "Si algo no puede salir mal, saldrá mal de todos modos" o "Nada es tan fácil como parece".
Bien, es muy probable que si en vez de dedicarte a saber de seres sintientes, hubieras buscado saber de administración de riesgos, de comunicación de las ideas y de recomposición de planes y proyectos, nunca habrías ideado un proyecto de vialidad como el Cablebús, tan discordante para una ciudad como Puebla capital y, menos aún, te habrías encaprichado en llevarlo a cabo sin importar que en el intento fueras quedando, inexorablemente, como un ecocida a cada momento más incongruente, porque si en principio te pareció bien talar casi mil árboles, ¿por qué cada día son menos los necesarios para la buena realización del proyecto?
Dicho de otro modo, si no se necesitaba tamaño homicidio arbóreo, ¿por qué lo plasmaste en el proyecto inicial?
Todo eso aunado al papelón de mandilones y agachados en que has ido colocando a tus subalternos, como al Coordinador del Gabinete, que tiene que salir cada tantos días a poner cara de circunstancia y puchero para explicar por qué ya no se necesitan talar tantos árboles como al principio.
Y ni se diga de aquellos que, en teoría, no son tus subalternos, como el presidente municipal de la capital o los diputados, ambos diligentes y aguerridos mercenarios de leyes y reglamentos más que dispuestos a cambiar todo lo que se tenga que cambiar para darte gusto.
Ahora, en cuanto a lo otro mencionado, de lo cual al parecer tampoco sabes, te diré. Laurence J. Peter fue educador, psicólogo y escritor canadiense, famoso por coescribir, junto al periodista Raymond Hull, el libro El Principio de Peter, en 1969.
Básicamente, el “Principio” señala que, en las jerarquías, los empleados ascienden impulsados por sus éxitos anteriores hasta alcanzar un nivel donde son incompetentes, provocando ineficiencia en las organizaciones.
La enseñanza de este axioma es contundente: “Todos tenemos un nivel de desempeño en el cual ya no somos provechosos sino desastrosos para el conjunto”.
Pues bien, en el caso que ahora nos ocupa sobre este capricho de tu administración (pero que podía extenderse a las secretarías del Deporte, de Cultura, el Consejo de la Judicatura, etcétera), es más que evidente que a todos aquellos a quienes les encargaste el proyecto del cablebús han rebasado su nivel de incompetencia, puesto que no sólo elaboraron un mal proyecto, sino que alentados por tus soberbias maneras, ellos y tú lo han vendido pésimamente a la sociedad y, no conformes con ello, cual niños berrinchudos, continúan empeñados en culpar de su evidente incompetencia a otros actores sociales, como las organizaciones no gubernamentales, los partidos de oposición (que a lo único que se oponen es a ellos mismos) o a los críticos, académicos, intelectuales o periodistas que lo único que han hecho es evidenciar que nadie en este gobierno ha oído hablar de las Leyes de Murphy y El Principio de Peter.
Ante tal panorama te pregunto si la estrategia gubernamental seguirá pretendiendo que tu administración continúe atrincherada en la soberbia e ignorancia administrativa ─evidenciada por el desastroso caso del cablebús─ o, ante tu pública apertura al diálogo anunciada hace unos días, podríamos aspirar a que, de hoy en adelante, se ha de gobernar con los poblanos y para los poblanos expertos e interesados y no únicamente con tus incondicionales y paleros.
Digo, para saber de antemano si los votantes debemos solicitar en la ya próxima elección y consecuente recomposición del gabinete, que a los aspirantes se les aplique un test Murphy/Peter, cuya prueba piloto podría efectuarse con todos tus preferidos para ocupar en el 2027 sus respectivos niveles de incompetencia.
Todo ello, con la única intención de evitar caer en los mismos errores de aquel operario que no conectó bien los cables en la base aérea Edwards.
Piénsalo, nos ahorraríamos entripados colectivos, marchas contaminantes, bochornosas rectificaciones de planes y proyectos, agachismos de tus subalternos... y miles de árboles.
Fuente: E-Consulta.
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