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las mujeres han tomado las riendas para adaptarse y mitigar los efectos en sus comunidades, donde poco a poco –y no exentas de señalamientos de "argüenderas”– han tomado tanto la voz en asambleas como la participación activa en talleres sobre derechos humanos, captación de lluvia, reforestación, limpia de arroyos e incluso se han hecho propietarias de las tierras que cultivan.
"En nuestro caso luego la lucha es simplemente por tratar de que las mujeres se queden con la tierra porque son mujeres que en muchas ocasiones son abandonadas por sus maridos, que son los ejidatarios. Viven un montón de mujeres en el campo, pero son pocas las que son dueñas de la tierra. Entonces, queremos desde los ejidos, desde los núcleos agrarios a través de los reglamentos internos, ir buscando una igualdad de acceso a la tierra", dijo desde una zona rural una mujer zacatecana, desplazada de su territorio tras recibir amenazas.
Las mujeres en zonas rurales producen el 50 por ciento de los alimentos básicos del país como el maíz, el frijol y el café, y gestionan recursos naturales. De las 4.6 millones de unidades de producción agropecuaria (agrícola y ganadera), solo el 19 por ciento (876 mil 456) está bajo la responsabilidad de mujeres, principalmente en Tabasco (24.9 por ciento), Puebla (24.6 por ciento), Ciudad de México (23.1 por ciento), Guerrero (23 por ciento) y Estado de México (22.4 por ciento), de acuerdo con el Censo Agropecuario 2022 que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) actualizará en octubre de 2026. De los 26 millones 984 mil puestos de trabajo en unidades agropecuarias, el 16 por ciento lo ocupan mujeres (4 millones 317 mil).
El Registro Agrario Nacional registró en 2024 a 5 millones 478 mil 565 núcleos agrarios certificados y no certificados, de los cuales en un millón 521 mil 065 (27 por ciento) laboran mujeres ejidatarias, comuneras, posesionarias y avecinadas. Los certificados pueden ser por certificado parcelario o de uso común o por sentencia de tribunal agrario.
De acuerdo con la Ley Agraria (1992), los ejidatarios son los hombres y las mujeres titulares de derechos ejidales dentro de un núcleo, y esta calidad les otorga el derecho de uso y disfrute (renta, asociación, sucesión) sobre sus parcelas y la participación con voto en la asamblea, al igual que los y las comuneras en comunidades indígenas. Las tierras de los posesionarios y posesionarias deben ser reconocidas por la autoridad ejidal y los avecindados del ejido son quienes han residido por un año o más en las tierras del núcleo.
"La lucha empezó, así lo recuerdo, en el reconocimiento de la mujer, porque antes las asambleas ejidales o comunales pues eran la mayoría hombres, salvo que hubiese una viuda o alguien que hubiese heredado una tierra es como la mujer participaba. Entonces, yo cuando solicité la tierra me la negaron porque no era viuda. Yo fui madre soltera. Entonces, tuve que hacer méritos a la asamblea de personas mayores para que me aceptaran como miembro del núcleo ejidal", evocó Fermina Pérez, campesina mayor de edad que defiende el agua del fracking en Veracruz.
Fermina: lucha contra el fracking en Veracruz
El 49.6 por ciento de las mujeres responsables de una unidad agropecuaria en México se identifica como indígena y el 61.9 por ciento habla una lengua originaria (Censo Agropecuario 2022), entre ellas, Fermina Pérez Atzin, una campesina y defensora del agua que durante años ha luchado contra el fracking registrado en su comunidad El Remolino, Veracruz, donde se habla totonaco.
Recordando a sus ancestros que le heredaron su lengua y su lucha por la tierra en la época de la Revolución, Fermina siembra vainilla, maíz, frijol, papaya, chile y tomate porque, dice, una defensora del territorio primero debe defender su cuerpo; tener qué comer, no depender.
Pero para acceder a esa parcela tuvo que convencer a la asamblea integrada por hombres. Era madre soltera, no era viuda como su abuela que solo por eso pudo heredar la tierra y construir la casa donde ahora Fermina vive con sus hijas y nietas.
"Antes era muy difícil tener acceso a la tierra. Entonces es ahí donde empezamos a levantar la voz para que se le tome en cuenta a la mujer en las comunidades y puedan acceder a tener si no es que una parcela, pero sí su lugar donde puedan construir su casa", afirmó un viernes por la noche, después de haber estado trabajando la milpa.
Con las recientes reformas a la Ley Agraria, la mujer tiene la garantía de poder tener tierra o heredarla, y las comisiones y secretarías auxiliares con que cuenta el comisariado ejidal se integran conforme al principio de paridad de género. Al no ser propietarias de la tierra en la que laboran, las mujeres no pueden recibir apoyos de programas de equipamiento, de infraestructura; tampoco créditos o apoyos económicos por pago de servicios ambientales.
Cuerpo de agua en El Remolino, Papantla. Foto: Facebook Patrimonio Biocultural El Remolino, Papantla
Pero falta avanzar en el acceso a herramientas. De las unidades agropecuarias bajo responsabilidad de mujeres, el 37.2 por ciento utiliza tractores para el trabajo, de los cuales más del 90 por ciento son prestados o rentados. Respecto a ingresos, el 87.6 por ciento de esta mano de obra no es remunerada, ya que se trata de familiares o de las mismas productoras (Censo Agropecuario, Inegi, 2022).
En Veracruz, más de 73 mil mujeres productoras no son remuneradas, sobre todo en Zongolica y Tezonapa.
Mujeres productoras no remuneradas en Veracruz. Los municipios en el tono de verde más fuerte concentran el mayor número. Mapa: Inegi, Censo Agropecuario 2022.
Fermina creció entre arroyos caudalosos de la región de Papantla. Pero a partir de la década de los 60 con las actividades de Petróleos Mexicanos en busca de gas, los pozos se fueron acabando o contaminando por derrames petroleros.
Con el fracking a inicios de milenio todo empeoró, pero también comenzó la participación de las mujeres en la limpia del arroyo y en reuniones donde se les informaba sobre la violencia que no debían recibir de sus padres, esposos o hermanos.
"Entre todas nos aprendimos a cuidar", afirmó Fermina.
El 74 por ciento de las productoras mexicanas son mayores de 65 años. Parte de su lucha por el territorio es para sus hija y nietas: "Ellas ya no van a sufrir porque no van a tener tierras, creo que tienen de más porque me he dedicado a eso, a conservar, comprar, tener. Entonces, pueden tener la libertad de decir "esto se queda para patrimonio natural, en esta sembremos vainilla, en esta sembremos naranjas". Se lo voy enseñando porque vamos a la milpa, conocen los terrenos, es una gran enseñanza, es una gran herencia que les voy a dejar a mis hijas, mis nietas, mis nietos. Se quedan con una gran riqueza que me hubiera gustado tenerlo yo de niña", dijo.
Defensora contra presa Milpillas en Zacatecas
Creció en un río limpio y caudaloso que ahora está seco por la instalación de presas en Zacatecas, un estado con actividad minera y crisis hídrica. Para evitar que pase lo mismo en alrededores del municipio Jiménez de Teúl, junto con comunidades y ejidos ha luchado durante una década contra la construcción de la presa Milpillas, un proyecto federal de la CONAGUA que desde 2015 planea llevar agua del río Atenco –clave para los cultivos de orégano o verdolagas– al corredor metropolitano Fresnillo-Zacatecas.
Por amenazas en un país donde asesinan a defensores y defensoras del territorio, la joven sobrevive desplazada en otro país de otro continente.
"En esta resistencia para mí el territorio ha significado el amor, la familia, la unión, el poder trabajar entre hombres y mujeres. También ha sido importante la dignificación del trabajo de las mujeres. Creo que en todas las luchas en México y en toda América Latina, las mujeres son las que estamos tomando las riendas de las luchas por la vida. Si defendemos la vida es porque estamos defendiendo todo, nuestra creencia, nuestras cultura, nuestra identidad, nuestra forma de hablar, nuestra forma de existir y de relacionarnos con los demás y con la naturaleza", dijo la zacatecana de manera anónima por temor a represalias.
En su zona rural no se autodenominan feministas, sino "patronas" por, explicó, todo lo que el sistema ha moldeado de manera negativa en torno al feminismo. Entre sus principales luchas es tratar de que las mujeres se queden con la tierra donde cultivan los alimentos. Son mujeres haciendo trabajo comunitario con mujeres y para mujeres; "somos mujeres apoyándonos entre mujeres para poder alzar la voz".
En estos años de acompañamiento ha identificado que las mujeres que más participan en los talleres y encabezan los ejidos son campesinas que tienen entre 20 y 30 años, están solteras y no tienen hijos, lo cual atribuye al machismo arraigado contra mujeres que tienen hijos y hacen trabajo doméstico.
Mujeres en protesta contra la construcción de la presa Milpillas que desviaría agua del río Atenco en Zacatecas. Foto: Facebook Movimiento en Defensa del Territorio y el Río Atenco.
Ella estudió psicología y a sus 22 años fue al municipio minero de Mapazil para dar talleres sobre habilidades de contexto de riesgo. "Yo vi como nuestro río, el río donde yo crecí y donde tengo los recuerdos más bonitos de mi vida, cómo se fue secando porque construyeron presas, después porque la concesionaron. (Entonces) decidí dedicar mi vida a acompañar a los pueblos, empezamos a dar acompañamiento a comunidades impactadas por la minería", compartió.
En el caso del municipio Jiménez del Teúl, donde la presa Milpillas desviaría el agua, las comunidades como Atotonilco, el Potrero, Estancia de Guadalupe, Corrales, las Bocas, el Carrizo y Mezquite Blanco dependen del río Atenco para las actividades económicas, recreativas, familiares, sociales y espirituales.
En ese marco la defensora comenzó la escuela para ejidatarios y ejidatarias, un espacio donde enseñan sobre los derechos humanos, los derechos agrarios y la participación en asambleas.
Talleres de capacitación para defensa del territorio en Zacatecas. Foto: Facebook Movimiento en Defensa del Territorio y el Río Atenco.
También encabezó una escuela para defensoras de territorio para fomentar la unión y el tomar la voz, que incluyó actividades como artesanía, reforestación en el semidesierto y monitoreo de la calidad del agua.
En un inicio de la lucha contra la construcción de la presa Milpillas, los hombres eran los únicos que hablaban y ellas no se atrevían. Ahora son las mujeres las que se han apropiado de la defensa de su agua y territorio.
No obstante, también han sido amenazadas, incluyendo la de la voz de este testimonio anónimo. Y por su liderazgo femenino, también son señaladas de "chismosas", "viejas sin quehacer", "argüenderas" o "alborotadoras".
Respecto a lo que vivió su abuela o su madre, se ha avanzado. En un ejido nunca se había tenido una secretaria ejidal, una presidenta de vigilancia ni tesoreras... "Vamos avanzando poco a poco tratando de romper estereotipos, de romper formas de pensar que vienen muy, pero muy, muy, muy, muy instauradas en el colectivo social", dijo.
Josefina: cosecha lluvia en Oaxaca
Josefina Santiago siembra maíz, frijol y calabaza en Valles Centrales, Oaxaca, donde la relación con el suelo y el agua no solo es de uso, sino también de cuidado mediante la reducción en el empleo de agroquímicos que llaman veneno; la captación de lluvia filtrada en el subsuelo y la gestión hídrica en comunidad.
Después de 16 años de lucha de la Coordinadora de Pueblos Unidos por la Defensa del Agua (Copuda), 16 comunidades zapotecas obtuvieron concesiones comunitarias y gestionan sus cuerpos de agua a partir de 2022. Además, desde 2008, a través de un proyecto gubernamental, la comunidad hace captación de lluvia.
"Hay un reglamento del uso del agua y el trabajo de recarga de agua a través de ollas de infiltración", compartió Josefina. Tras la charla virtual, envió por WhatsApp fotografías de las ollas de infiltración.
La mujer oaxaqueña comentó que la crisis climática afecta tanto a hombres como a mujeres, pero últimamente se ha visibilizado la participación activa de las mujeres en el cuidado de la tierra y semillas, lo que se suma al trabajo doméstico y de cuidado en casa.
"Siempre ha sido como doble de trabajo porque aparte del trabajo doméstico, también hay que hacer trabajo del cuidado de la tierra, de ir a sembrar, de ir a levantar la milpa. Los esposos lo que hacen es ir a surcar, pero a las mujeres les toca sembrar la tierra", explicó.
En Valles Centrales, Oaxaca, gestionan su agua en comunidad. Foto: Especial para SinEmbargo
Sobre el cuidado y gestión comunitaria del agua, agregó: "Estamos también trabajando en la recarga de agua para que haya agua en nuestra comunidad. Lo que cae de la lluvia pues la retenemos y eso se va infiltrando en el subsuelo. Y pues eso permite que la humedad dure más tiempo y también en los pozos que se usan para regar algunos cultivos, pues permite que haya agua más tiempo".
Josefina coincidió con las otras defensoras consultadas sobre la mayor visibilidad de la participación de mujeres en el trabajo de campo, en las asambleas y en los talleres sobre derechos indígenas, derechos de las mujeres y derecho al acceso al agua.
"Antes sí hacían el trabajo, pero siempre se iba respaldado por un hombre al frente. Sin embargo, ahora hay más ese crecimiento de que también las mujeres tenemos voz y voto en la toma de decisiones de cualquier asamblea que se realice", afirmó.
Fuente: SIN EMBARGO.
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