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LA QUEMADA
Noticia publicada a
las 01:00 am 21/03/26
Por: Luis Vázquez.
En política hay ascensos… y hay sacrificios.
Y los últimos nombramientos anunciados en Puebla parecen más lo segundo que lo primero.
En radio pasillo —ese que rara vez se equivoca— la versión corre con fuerza: los movimientos que colocaron a Jacobo Aguilar, Felipe Patjane y Pedro Tepole no fueron para impulsarlos, sino para terminar de exhibirlos.
La jugada, dicen quienes conocen cómo se mueve el tablero, salió directamente del despacho del gobernador Alejandro Armenta y fue operada por el secretario de Gobernación, Samuel Aguilar Pala.
No es un secreto que los tres personajes tenían aspiraciones políticas rumbo a lo que viene. Pero en política hay una regla brutal: cuando alguien estorba en la fila… se le pone en el escaparate.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Bastó el anuncio para que se desatara la tormenta. En redes sociales no hubo aplausos ni respaldo: hubo golpiza. Estudiantes, maestros y ciudadanos reaccionaron con críticas, burlas y rechazo abierto. El termómetro social fue claro y contundente: son perfiles profundamente desgastados y con muy poca aceptación pública.
Lo que se suponía era un nombramiento terminó convirtiéndose en un linchamiento digital.
Y en política eso no es un accidente.
Porque quien conoce el oficio sabe que exponer a un personaje impopular es una forma rápida de medir —y de demostrar— que no tiene viabilidad electoral. En otras palabras: los pusieron donde sabían que la reacción los iba a golpear.
Una especie de prueba pública… con resultado anunciado.
Así, Jacobo Aguilar, Felipe Patjane y Pedro Tepole quedaron exactamente donde muchos en el poder querían verlos: en medio de la crítica social, cargando el desgaste y cada vez más lejos de cualquier candidatura.
Por eso en los corrillos políticos la conclusión empieza a repetirse: no fue un premio.
Fue una quemada perfectamente calculada.
Porque en la política poblana hay una vieja máxima que vuelve a confirmarse:
cuando un político deja de ser útil… primero lo nombran, y luego lo entierran.