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Golpe y contragolpe
Noticia publicada a
las 02:54 am 09/03/26
Por: Ricardo Pascoe Pierce.
El Estado mexicano está respondiendo en términos extremos a los dos hechos recientes que han cambiado las coordenadas de la situación política y militar interna y externa del país. La respuesta del oficialismo se debe a que ambos hechos, aparentemente disociados entre sí, en realidad están íntimamente ligados.
Los hechos referidos son la localización y posterior muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, Mencho y a la propuesta de reforma político-electoral por parte del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Dos hechos, aparentemente con propósitos distintos y postulados desde ámbitos totalmente separados, se encuentran y coinciden ante las nuevas lógicas de los gobernantes mexicanos. Las lógicas y los análisis vienen desde las profundidades del partido dominante,
Morena, que se siente seriamente amenazado en su hegemonía nacional y se apresta a consolidar su control absolutista ante lo que considera una amenaza existencial a su gobierno.
Para comprender cómo se articula la convergencia de los peligros previstos por la muerte de Mencho y las agresividades de la reforma político-electoral, cada coyuntura debe desglosarse para entender con claridad su inesperada interrelación.
Conforme pasan las horas y días, empiezan a esclarecer algunas de las realidades en torno a la gestación, la preparación, las decisiones y las consecuencias del operativo militar que culminó con la muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
En primer lugar, es de señalar el evidente disgusto de la presidenta con toda la coyuntura. Da la impresión de que estaba y está francamente en contra del operativo y se siente aprehensiva por las consecuencias políticas y militares para ella, su partido y gobierno. Solamente así se puede entender su frialdad y absoluta falta de empatía con las familias de los soldados caídos durante el enfrentamiento con los soldados del CJNG.
Su frialdad tiene una explicación. Todo apunta a que se enteró del operativo cuando estaba en curso. ¿Quiénes tomaron la decisión de actuar? Parece que fue una decisión entre mandos militares estadounidenses y mexicanos, a través de su relación en el Comando Norte.
Estados Unidos detectó la ubicación del Mencho en Tapalpa, Jalisco y agentes de inteligencia militares mexicanos confirmaron la localización. Ante esa confirmación, los estadounidenses dejaron la decisión en manos del alto mando militar mexicano: o actúan ustedes de inmediato o lo haremos nosotros. Se puede pensar que los militares mexicanos prefirieron tomar la decisión de actuar y no correr el riesgo de avisar a la presidenta, quien, temían, rechazaría la operación contra el Mencho. De ahí que la presidenta se enteró cuando no había vuelta atrás.
El operativo acompañado por Estados Unidos que culminó con la muerte del líder del CJNG es, para Sheinbaum, comparable con lo que fue el operativo estadounidense que terminó con la extracción del Mayo Zambada durante el sexenio de López Obrador. Ambos presidentes tuvieron que aceptar que fuerzas estadounidenses realizaron, condujeron o guiaron operativos en territorio nacional a sus espaldas y sin su anuencia.
En ambos casos el sigilo estadounidense tenía su origen en las sospechas sobre los nexos posibles de los presidentes mexicanos con el objetivo a detener o matar.
La irritación extrema de la presidenta no se opacó con la conversación de seis minutos con Trump, ni por la conversación con Infantino, para asegurar la continuidad de la Copa Mundial en México. El impacto mundial de las imágenes de los 252 narcobloqueos, quemas de oficinas públicas y la muerte de agentes de seguridad en 20 estados de la República no lo pudo parar nada ni nadie.
Mucho menos la conversación nacional e internacional abierta a raíz de la muerte del Mencho sobre lo que viene después: las pugnas sucesorias internas en una organización criminal internacional, con acceso a recursos multimillonarios para seguir adelante con el negocio. Y la perspectiva de más violencia en venganza por la muerte del líder. De hecho, hay analistas que mencionan que la guerra contra las fuerzas del orden ya comenzó y ha cobrado numerosas víctimas.
Los apologistas de Palacio Nacional tratan de distanciar lo que acontece hoy en México con lo que más criticó AMLO, Sheinbaum y Morena: la guerra de Calderón y García Luna.
Afirman que no se asemejan los dos momentos, porque Sheinbaum tiene legitimidad, mientras que Calderón no gozaba de la misma legitimidad.
Pero se percibe con nitidez que la presidenta camina sobre una ruta llena de espinas y contradicciones. El descontento de López Obrador y sectores de Morena con la conducción de Sheinbaum crece. El descontrol que muestra el suceso de Tapalpa, y la posible pérdida de autoridad presidencial ante las Fuerzas Armadas, son factores que alarman a los dueños de Morena.
Ante ello, Sheinbaum ha reaccionado dando contragolpes para generar nuevos focos de discusión y de movilización dentro de las fuerzas del partido. Ante el golpe recibido por el operativo en Tapalpa, que pone en entredicho lo afirmado por Sheinbaum sobre su férrea defensa de la soberanía nacional, la presidenta presentó una agresiva, autoritaria y regresiva propuesta de reforma político electoral, apoyada por Pablo Gómez y Lázaro Cárdenas, dos destacados representantes del morenismo profundo y radical. Su intención es lograr el agrupamiento de las filas duras de Morena para refrendar el apoyo y solidaridad del partido con la presidenta y la institución que ella representa. Y quiere cambiar la discusión nacional e interna del partido.
Por esa razón Sheinbaum desafía abiertamente al PT y PVEM: “están conmigo o en mi contra”. A esos partidos se les reta a contradecir a la presidenta en su momento más crítico.
La amenaza a esos partidos es mucho más profunda que sobre la reforma constitucional: tienen que definir si se atreven a ir en contra del proyecto histórico esencial que representa la 4T. Por esa razón, lo más probable es que esos partidos terminen votando a favor del proyecto, a pesar de que representa su probable suicidio.
La desesperación y el enojo vengativo están dominando la conducta presidencial. Pero la raíz del problema es que está arrinconada entre factores objetivos internos y externos. Reacciona construyendo nuevas barricadas a su alrededor, con una mentalidad de ser una fuerza asediada por un ejército enemigo. Fuerzas potentes internas actúan sin su anuencia ni control, mientras la externas la presionan implacablemente.
La visita a Sinaloa para reafirmar su admiración por el gobernador Rubén Rocha, distinguido por su cercanía con elementos criminales del estado, ha dado lugar a mucha especulación. ¿Es este el momento adecuado para mantener cercanía con autoridades notoriamente vinculadas al cártel de Sinaloa justo después de que el Ejército mexicano liquidó al líder del CJNG? Todo ello en medio de una guerra civil entre facciones del propio cártel de Sinaloa, mientras las fuerzas federales han sido incapaces o indispuestas a intervenir para terminar con la violencia.
Esa visita trae un mensaje: no todo se rompió alrededor de las alianzas históricas entre la política y el narcotráfico, a pesar del aniquilamiento del Mencho. La presidenta desafía a Washington y a quienes, desde adentro, creen en la necesidad de enfrentar a los cárteles, grandes y pequeños. Es una apuesta presidencial de alto riesgo, que no pasó desapercibida aquí y allá. Ante el golpe que considera recibido, ha dado su contragolpe. Al contragolpe seguramente vendrán más golpes.