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Pareciera que, frente a la ambigüedad y el miedo, las personas tienden a confundir la eficacia con la apariencia, inclinándose por algunos líderes narcisistas, mitómanos, y/o ególatras. Asumen que son competentes porque no dudan, no empatizan y no se frenan.
Algunas investigaciones recientes concluyen que, en ciertos contextos, los rasgos patológicos de los líderes (seguridad extrema, impulsividad, grandiosidad, extremismo) son interpretados como capacidades y propician que estas personas sean elegidas para puestos de poder, sin dimensionar el efecto destructivo a largo plazo.
Seth M. Spain, Peter D. Harms y James M. LeBreton, en el artículo The Dark Side of Personality at Work, publicado en el Journal of Organizational Behavior (2014), afirman que los rasgos asociados a la triada oscura (narcisismo, sicopatía y maquiavelismo) pueden facilitar la llegada del liderazgos en entornos altamente competitivos al proyectar dominancia, audacia y seguridad; pero en el largo plazo generan costos estratégicos e inestabilidad organizacional.
Por su parte, Landay, Harms y Credé (2019) publicaron un meta-análisis en el Journal of Applied Psychology, que sintetiza evidencia de más de 90 estudios, advirtiendo que los sistemas de evaluación de las empresas pueden estar confundiendo rasgos asociados a patologías subclínicas con señales de liderazgo.
En el lado político, un estudio comparativo basado en evaluaciones de 49 candidatos en elecciones nacionales de diferentes países, encontró que los votantes con actitudes populistas tienden a mostrar mayor afinidad hacia candidatos que exhiben niveles elevados de rasgos de la Triada Oscura: narcisismo, sicopatía y maquiavelismo (Nai, 2022; CSES).
Pareciera que “si no duda, sabe; si es firme, es fuerte; si impone, ejecuta”. Ante un contexto complicado, riesgoso o incierto, se prefiere entonces a alguien que simplifique, que sea decidido y que dé certeza; incluso con mentiras, sin un análisis adecuado y con falsas promesas.
En otras palabras, “nos vamos con la finta” con individuos que despliegan fuerza y seguridad sin saber realmente su condición mental. Quizá la historia del mundo se haya escrito, en buena medida, por las acciones irracionales, irresponsables y erráticas de líderes con la llamada Triada Oscura.
¿Quién, cómo, cuándo se detectan los padecimientos mentales? Lo ideal sería la prevención: que institucionalmente se activen procesos precisos en la detección de personas encaminadas a puestos directivos. Pero esto se complica en lo político, donde el voto popular, que infrecuentemente es el más inteligente, decide quién tendrá el poder.
¿Qué mecanismo existe para destituir a líderes nocivos? Esto es aún más difícil en función de que destituir a un líder con la triada oscura suele ser tarde porque, para ese entonces, el individuo ya acumuló poder y destruyó los contrapesos que pudieran exhibirlo y destituirlo.
Al final del día, los presidentes y directivos son seres humanos. Por si fuera poco, está inflada la concepción de que somos seres racionales. A la hora de las decisiones, se anteponen a lo racional elementos como los complejos, el instinto, la protección del ego, los sesgos, la falta de sensibilidad al entorno y la ceguera personal, entre otros.
Los tomadores de decisiones, sobre cuyo juicio y lucidez depende el destino de un país en lo público, o el retorno de inversión en la empresa, son propensos, como todos, al autoengaño.
Mientras no se priorice la salud mental, no habrá métodos de evaluación ni sistemas de prevención y corrección, por lo que seguiremos eligiendo líderes por su capacidad de imponerse, no por su capacidad de sostener.
¿Conoces a alguno? ¿Seremos tú o yo uno de ellos?
La paradoja del liderazgo quizás no sea la escasez de personas capaces y mentalmente sanas, sino la preferencia repetitiva por perfiles patológicos.
Fuente: Zócalo de Saltillo.
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