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Venganza y perdón
Noticia publicada a
las 03:10 am 22/02/26
Por: Guadalupe Loaeza.
En realidad, el título del libro de Julio Scherer Ibarra, de la Editorial Planeta, cuyos fragmentos fueron publicados en nuestro periódico, es Ni venganza ni perdón, el cual será publicado el 11 de febrero; sin embargo, imagino que el hijo del gran periodista del mismo apellido creció en medio de muchas venganzas y de escaso perdón.
¿Por qué lo digo? Porque tuve la fortuna de conocerlo, de platicar muchas veces con él y de aprender sobre la vida política de nuestro país. Más que un caballero, don Julio (1926-2015) era el mejor periodista de México.
No se puede hablar del hijo sin hablar del padre: siempre buscó ser el primero en obtener la nota de lo que fuera, incluso de denunciar a un amigo que acababa de matar a su madre, sin importarle que fuera amigo de años. Quiero pensar que su hijo creció entre la venganza de los enemigos de su padre y el no perdón para aquellos que lo ofendieron. En el caso del libro mencionado, es obvio que López Obrador ha de haber ofendido mucho al que fue su Consejero Jurídico de la Presidencia de 2018 a 2021. “Un día, en una de esas conversaciones sin testigos, Andrés Manuel me dijo con esa voz pausada que a veces se confundía con un susurro: ‘Cuando yo salga del Gobierno van a ir contra ti. No lo dudes. El poder no perdona. Te van a perseguir, te van a inventar, te van a querer destruir. Prepárate, porque van a desvirtuar lo que sepan y a usar lo que inventen. Y lo van a hacer con saña’.
Esa frase quedó grabada en mi memoria como una sentencia anticipada, como un eco que me alcanzaría tiempo después”, escribe Scherer, uno de los hombres más cercanos al Presidente y poderosos en el inicio del sexenio pasado.
No hay que olvidar que el expresidente Andrés Manuel López Obrador es capaz de vengarse de quien sea y de no perdonar absolutamente a nadie. En realidad, y en cuanto a lo anterior, existía una gran semejanza con don Julio. Eran igual de soberbios, de rencorosos y de necios; tal vez sea por eso que Julio Scherer hijo se acercó tanto a AMLO: en realidad buscaba a otro padre con las mismas características. ¿No será que en realidad Julio Scherer Ibarra se quiere vengar, sin querer perdonar a don Julio, su padre tan entrañable y respetado por el primero? No en balde, en su lecho de muerte le pidió a López Obrador que “cuidara de su hijo”. AMLO llegó a referirse a él como a un hermano.
El filósofo materialista francés André Comte-Sponville “aborda la venganza no como una virtud, sino como una pasión triste ligada al poder punitivo y al ego, a menudo confundido con la justicia. En sus análisis sobre ética y virtudes, sugiere que la venganza busca aliviar el dolor propio mediante el daño ajeno, diferenciándose de la verdadera justicia”.
Lo anterior lo leí varias veces y con el mismo fervor en su obra El pequeño tratado de las grandes virtudes. En cuanto al “perdón”, Comte-Sponville afirma que “el perdón es una virtud necesaria justamente porque no todo es perdonable.
Perdonar no es olvidar, ni justificar, ni aceptar la ofensa, sino renunciar al rencor y a la venganza”. Y más adelante, el filósofo afirma que “el perdón verdadero requiere memoria. Se perdona lo que se recuerda, pero se decide ya no odiar”.
En ciertos fragmentos que leí a propósito del libro de Scherer Ibarra, me llamó la atención lo siguiente: “bajar del área de comunicación a César Yáñez, su hombre más leal en los 20 años previos al triunfo.
Y todo por su boda, semanas antes de la toma de posesión: una fiesta ostentosa que la familia de la novia difundió en la revista ¡Hola! y en cuya planeación Yáñez ni siquiera participó, pero que hizo enojar mucho al Presidente. Eso convirtió a Jesús Ramírez Cuevas en el poderoso coordinador de comunicación de la Presidencia”.
Y escribe Scherer Ibarra: “Un error que continúa hasta el día de hoy, porque Jesús hizo mucho daño al Gobierno”.
Cuando conocí a Jesús Ramírez, me dije que era un pequeño arribista, acomplejado, pero sobre todo vengativo, socialmente hablando. No estaba equivocada. Aún no he leído el libro, pero ya se me queman las habas.