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China no es el enemigo: es el espejo de nuestra deuda social
Noticia publicada a
las 12:29 am 12/01/26
Por: Adolfo Laborde.
¿Qué aprender de China? Continuidad con planes quinquenales, zonas económicas especiales para desarrollo focalizado, infraestructura como base del crecimiento y pragmatismo para ajustar sin perder dirección.
Gracias a la invitación de colegas académicos chinos,
en diciembre de 2025 impartí una conferencia sobre los mecanismos de cooperación entre China y México en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Wuhan. Más allá del auditorio y de lo impresionante de las instalaciones del campus, la ciudad de Wuhan deja una impresión clara: es hermosa y bien planeada. Además, concentra una cantidad enorme de universidades, laboratorios y centros de investigación; el conocimiento allí no es "adorno", es parte de la infraestructura del desarrollo.
En México solemos mirar a China desde la alarma comercial. Sí: México ha impuesto aranceles a productos chinos en sectores específicos y, en un entorno del Plan México y competencia global, la protección selectiva puede ser necesaria. Pero un arancel es una medida de coyuntura; el desarrollo es una estrategia de largo plazo. Si la discusión se reduce a “cerrar o abrir”, perdemos la pregunta central sobre el desarrollo del país: ¿qué elementos del desempeño chino pueden inspirar políticas públicas mexicanas sin copiar su sistema político?
En el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Wuhan subrayé un punto: la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), lanzada en 2013, se expandió a más de 150 países y se estructuró en cinco pilares –política, infraestructura, comercio, finanzas y cultura–; además de economía, es geopolítica. En América Latina, cerca de dos terceras partes de los países firmaron memorandos, con énfasis en energía, transporte y telecomunicaciones. México no participa oficialmente en la BRI, pero aun así se beneficia vía comercio e inversión.
Lo decisivo para 2026 está en casa. Nuestra logística tiene cuellos de botella que frenan la productividad: retrasos portuarios de hasta 30 días y sistemas aduaneros y digitales rezagados. El Corredor Interoceánico puede ser una gran oportunidad si se acompaña de planeación de largo plazo, ejecución sostenida y se corrigen los errores cometidos en su modernización. Y en el Pacífico, el TIPAT (CPTPP) ofrece acceso a Asia vía puertos y a un mercado de 155 millones de consumidores.
¿Qué aprender de China? Continuidad con planes quinquenales, zonas económicas especiales para desarrollo focalizado, infraestructura como base del crecimiento y pragmatismo para ajustar sin perder dirección. Pero también hay límites: diferencias políticas, fragilidad institucional y divergencias culturales nos obligan a una regla simple: adaptación, no imitación.
Por eso he propuesto una “Ruta Pochteca”: articular puertos, zonas económicas especiales y corredores logísticos, conectando innovación y cooperación latinoamericana con una visión soberana, complementaria –y si hace falta, alternativa– a las grandes plataformas externas. La cooperación, además, debe ser horizontal: aprender, intercambiar y construir capacidades sin nuevas dependencias.
La lección de fondo es social. China ha sacado a millones de la pobreza; México tiene esa materia pendiente. Aprender no significa rendirse: significa construir capacidad estatal, invertir con visión y evaluar resultados. Si 2026 será un año de definiciones por el tema de la revisión del T-MEC, que también lo sea para diversificar con propósito y para relanzar una política de desarrollo que ponga a la gente –y no solo a la coyuntura– en el centro.
@ADOLFOLABORDE71