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Venezuela y el lodo de la historia
Noticia publicada a
las 01:07 am 08/01/26
Por: José Steinsleger.
Uno. Ayer, el chiquito de la familia me disparó un misil a quemarropa: “¿Qué te trajeron los reyes, Tata?”. ¡Uf!... ¿Cómo responder? ¿Abrazarlo con emoción o iniciarlo en el materialismo histórico? No temáis… opté por lo primero, al tiempo de celebrar (primero Dios), que los putos Reyes no le dejaran una “play” o un telefonito inteligente para que mi nieto deje de ser inteligente.
Dos. Escribo estas líneas en Argentina, donde el pueblo llano y no tan llano padece de una rarísima mezcla de apatía, confusión y silente tristeza cotidiana. Con excepción, claro, de las mafias corporativas que saquean el Estado, el Guasón que preside el país y las descerebradas hordas liberticidas que junto con miles de apátridas venezolanos se dieron cita en torno al emblemático obelisco de Buenos Aires para festejar el humillante secuestro de Nicolás Maduro, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y ahora prisionero de guerra del imperio.
Tres. A más de las propias conjeturas, reposan en mi escritorio un centenar de las pensadas por diestros y siniestros analistas de excelencia. ¿Qué será prioritario? ¿Ventilarlas tediosamente u oír las maldiciones del comandante Hugo Chávez, esté donde esté? Pero ya alguien dijo que los hombres y los pueblos nunca han aprendido nada de la historia, y siempre han desperdiciado sus lecciones.
Cuatro. Frente a la tragedia bolivariana, creo que las izquierdas devotas tendrán que revisar ciertas liturgias, y las derechas impías poner sus barbas a remojar. Roma nunca pagó traidores, y en esta suerte de kilombo anunciado hasta la náusea, la gran verdad fue dicha por el indiscutible líder de la mentira global: “Corina: eres maravillosa... pero como nunca representaste nada, puedes meterte el Nobel de la Paz por donde te guste”.
Cinco. Y es que en política hay que tener un eje, cosa que nada tiene que ver con el “punto medio”. Por ende, y parafraseando a la filósofa española María Zambrano, esperemos que haya sonado la hora de afrontar la profunda crisis del presente, replegándonos hacia tiempos mejores.
Seis. En su célebre Carta de Jamaica, el Libertador escribió: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse. ¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración...” (6 de septiembre de 1815).
Siete. Bolívar lo intentó, y tras derrotar al imperio español en las pampas de Ayacucho (sur de Perú, 9 de diciembre de 1824), el creador de la Gran Colombia convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá (junio de 1826). Sin embargo, pocos países mostraron interés. En particular, el departamento de Venezuela gobernado por el general José Antonio Páez, líder del movimiento separatista La Cosiata, que ya en abril había separado a Venezuela de la Gran Colombia.
Ocho. Tres años después, en Guayaquil, el Libertador escribe al coronel inglés Patricio Campbell: “…los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Profecía que nadie ha podido desmentir, y que la quiteña Manuelita Sáenz (1797-1856), su gran amor, vislumbró desde mucho antes, cuando tras la muerte de Bolívar los sicóticos de la libertad la expulsaron de Bogotá por “extranjera perniciosa”.
Nueve. Señores y señoras, damas y caballeros, compañeros, compañeras, compañeres: 2026 será el año en el que las mentiras impuestas por el orden global posterior a 1945 serán remplazadas por las que la IA tiene previstas para lo que resta del siglo: América, Groenlandia y Gran Bretaña para los americanos; Europa y el norte de África para los rusos, y el resto del mundo para los chinos.
Diez. La auténtica revolución bolivariana acaba de empezar.