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Trump sigue los pasos de Hitler
Noticia publicada a
las 01:19 am 07/01/26
Por: Víctor Hugo Romo de Vivar Guerra.
“Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida”. Silvio Rodríguez
El primer sábado de 2026 quedará marcado como un punto de quiebre histórico, porque Estados Unidos dinamitó el orden mundial y quebrantó el derecho internacional con el golpe de Estado a Venezuela, para adueñarse de sus recursos y los de toda América Latina.
El psicópata anaranjado no sólo violó la ley internacional sino también la de su país, porque el Congreso de EU tiene la facultad de autorizar cualquier intervención armada en otro territorio.
Pero para Trump, igual que para Hitler, no hay límites, ni derechos humanos, ni principios internacionales que valgan, sobre todas las cosas está el interés rapaz de la oligarquía neofascista norteamericana: adueñarse del mundo.
Con esta intervención criminal y el secuestro -no detención- del presidente Maduro y de su esposa, Estados Unidos inauguró una ola injerencista de terror basada en el uso de la fuerza, con el único fin de apropiarse impunemente de los recursos más valiosos de América Latina.
La amenaza ya no está en Irak, ni Yemen o Afganistán, está aquí, en México con la declaración unilateral del fentanilo como arma de destrucción masiva, la imposición de aranceles punitivos, pero, sobre todo, con el descarado saqueo “legítimo” de recursos ajenos con la mentira de que le pertenecen a Estados Unidos.
El mismo guion: primero el estigma, luego la presión y finalmente la intervención.
Ayer fue Gaza, hoy Venezuela, mañana Cuba o Colombia, luego México, y al final la joya de la corona: Brasil.
El llamado “Plan de Seguridad” de Estados Unidos es, en realidad, un proyecto neofascista de dominación continental.
Trump se descaró en su conferencia de prensa del sábado: “De acuerdo con nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más”.
No es una amenaza velada sino una declaración de guerra política y económica contra toda la región.
Para justificar el golpe, repitieron el libreto de siempre: narcoterrorismo, tráfico de armas, conspiraciones. Después, la confesión brutal de Trump: permaneceremos en Venezuela “para mantener el control absoluto de sus recursos petroleros”.
Ni democracia ni derechos humanos. Petróleo, oro, tierras raras y poder geopolítico. Eso es lo que quiere EU.
La imagen difundida de Maduro esposado no es justicia internacional. Es propaganda de guerra. Un mensaje supremacista dirigido a los pueblos y a sus líderes: quien no se someta será aplastado.
La Doctrina Monroe remasterizada en versión siglo XXI.
Venezuela posee la mayor reserva de petróleo del mundo, enormes depósitos de oro, hierro, níquel, diamantes y minerales estratégicos. Su pecado fue resistir, comerciar con China y Rusia para sobrevivir al bloqueo estadounidense.
La historia se repite. Irak, Libia, Panamá, Chile, Afganistán. Estados Unidos ha invadido, saqueado y destruido decenas de países y es la única nación que ha utilizado armas nucleares contra población civil inocente y jamás ha rendido cuentas.
En México, los únicos que celebraron el secuestro fueron los vendepatrias. Los mismos de siempre volvieron a pedir la intervención extranjera: Téllez, Fox, el espurio y su esposa Zavala, Alito, Salinas y otros prianistas.
No entienden -o fingen no saberlo- que el imperialismo utiliza y desecha traidores como lo hizo Trump con Corina Machado, no son confiables ni tienen arraigo popular.
En cambio, el gobierno mexicano reaccionó con firmeza diplomática. Claudia Sheinbaum condenó la intervención y recordó el principio de no intervención de la ONU.
El expresidente López Obrador calificó el hecho como un atentado prepotente a la soberanía venezolana y llamó a defender el derecho internacional.
Trump respondió con amenazas veladas contra México. El mensaje es claro: nadie está a salvo.
Trump cruzó la línea roja: pisar la soberanía de la región y esto exige definiciones históricas, porque si cae Venezuela, cae América Latina entera.
Hoy ya no basta con la indignación. Es momento de unidad continental, de cerrar filas entre gobiernos progresistas, movimientos, organizaciones sociales y pueblos libres.
Defender a Venezuela es defender nuestra soberanía, nuestros recursos y nuestro derecho a decidir nuestro destino. O resistimos juntos, o seremos colonias del fascismo imperial. Es ahora o nunca.
Por: Víctor Hugo Romo de Vivar Guerra
Colaborador
@vromog