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México importa más maíz que nunca
Noticia publicada a
las 02:16 am 29/11/25
Por: Darío Celis.
Mientras Estados Unidos amenaza con aranceles a productos agrícolas y México mantiene su ideología antimaíz transgénico, la realidad es que nuestra economía depende más que nunca del grano norteamericano.
Este año, más de 90% del maíz que importamos provendrá de nuestro vecino del norte, con una cifra récord de 24.5 millones de toneladas,
según se expuso en el Primer Foro del Maíz Industrializado, organizado por la Cámara Nacional del Maíz Industrializado (Canami), que dirige Esteban Jaramillo Reyes.
Paradójicamente, México es la cuna del maíz y es algo que los gobiernos de la 4T han presumido, que es un patrimonio cultural y lo ondea en la bandera nacional.
Sin embargo, sólo producimos 41% de lo que consumimos, cuando la FAO recomienda un mínimo de entre 70 a 75% para garantizar seguridad alimentaria.
El resto lo compramos, principalmente, a Estados Unidos por un valor cercano a 18 mil millones de dólares. Y el problema no es que siempre haya sido así.
De acuerdo con cifras del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, que encabeza Juan Caros Anaya, en 1994, con el TLCAN, México producía 29 millones de toneladas de granos y alcanzaba 87% de autosuficiencia en maíz.
Tres décadas después, la producción apenas creció 18%, mientras el consumo se disparó a 48 millones de toneladas. Hoy, la dependencia es estructural y creciente.
Y un tema que sin duda ha sumado a esta debacle son las sequías, que han golpeado fuerte en diversos territorios del país, como en Sinaloa, que pasó de 6.5 millones de toneladas en 2023, a 3.1 millones, y el trigo vive la peor cosecha en 60 años.
Pero no todo es clima: a esto hay que agregarle la falta de políticas públicas para mejorar la productividad, acceso a semillas, financiamiento y seguros, que agravan la crisis.
Los precios de garantía son otro tema que dificulta aún más la situación, ya que el Gobierno recientemente lo fijó en 7 mil 200 pesos por tonelada, cuando el mercado paga lo 5 mil 500.
¿Cuál es el resultado? Bodegas llenas, costos financieros y un gasto público que supera 8 mil millones de pesos en pérdidas. Mientras tanto, los programas de comercialización que daban certidumbre al productor fueron desmantelados.
No hay que inventar nada nuevo. El modelo de ingreso objetivo y agricultura por contrato funcionó, ya que daba certidumbre, ordenaba la comercialización y evitaba distorsiones.
Hoy urge recuperar esquemas que integren a pequeños, medianos y grandes productores, con reglas claras y topes como en Estados Unidos, porque si no corregimos el rumbo, seguiremos ondeando la bandera del maíz mientras importamos más de 50% de lo que consumimos, y eso sin duda seguirá siendo contradictorio.